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Carta a la Defensora del lector de El País

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A la atención de Dña. Milagros Pérez Oliva, Defensora del lector del diario El País.

Estimada señora

Le escribimos con relación a la tribuna publicada en el diario El País con fecha 13 de Abril de 2011, titulada “El juez Goldstone” y firmada por Ilan Pappé[1].

Entendemos que la citada tribuna reúne una serie de inexactitudes y carencias que requieren de su consideración.

En el texto, Pappé señala: “Desde el inicio del Estado de Israel, los cientos de miles de palestinos asesinados por Israel fueron siempre terroristas (…)

Según el anuario de 1997 del Stockholm International Peace Reserach Institute, entre 1948 y 1996, murieron en torno a 13.000 personas en los enfrentamientos entre palestinos e israelíes[2].

Establecer cifras exactas de muertos en conflictos de tan larga duración es complejo. Por ejemplo, la base de datos sobre conflictos de la Universidad de Uppsala cuantifica del orden de 14.000 muertes en el conflicto entre Israel y Palestina entre 1975 y 2010[3].

El Stockholm International Peace Reserach Institute presenta una nueva estimación en el anuario de 2009 y habla de unos 16.000 muertos, entre 1964 y 2008[4].

Para poner en contexto la afirmación del señor Pappé, consideremos que el sociólogo alemán Gunnar Heinsohn, Director del Instituto Raphael-Lemkin de la universidad de Bremen, estimó 51.000 muertes derivadas del conflicto árabe-israelí[5] entre 1950 y 2007, incluyendo para el efecto las guerras con Egipto, Siria, Líbano o Jordania, y no sólo a los palestinos.

Cuando Pappé habla de cientos de miles de muertos, realiza una estimación controvertida que requiere de una evidencia fuerte que la soporte o una explicación que la justifique, porque por sí sola no se entiende. Además, se trata de una expresión muy vaga para tratarse de una cuantificación.

“Cientos de miles” son más de un ciento de mil, es decir, al menos “dos cientos de miles” de muertos. Eso es cuantificar al menos 10 veces por encima el número de muertos a la luz de las estadísticas comentadas, y eso que empleamos la estimación más conservadora que se deriva de la expresión de Pappé.

La ONG B’Tselem estima unos 6.200 palestinos muertos desde la segunda intifada hasta la operación Plomo Fundido (ésta última incluida)[6] –prácticamente, la primera década del siglo XXI. Para alcanzar la cifra de Pappé necesitaríamos más de 33.000 palestinos “asesinados por Israel” por década.

La discusión sobre la magnitud de las muertes no tendría tanta importancia si no fuese porque Pappé utiliza la frase discutida para reforzar la idea de que existe en Israel “una política criminal dirigida a matar, mutilar y herir como castigo colectivo”, afirmación nuevamente controvertida para la que no aporta evidencia factual alguna y que es precisamente de lo que Goldstone se retracta.

Sobre este particular, le escribimos ateniéndonos a su artículo: “Israel y Palestina: el poder de la opinión[7]”, donde recordaba que “En EL PAÍS no se pueden publicar mentiras, ni en la información ni en la opinión, de forma deliberada

No obstante, entendemos que hay otros elementos de la tribuna de Pappé que merecen su atención:

Pero lo peor estaba por llegar. Hace exactamente un año, en abril del 2010, la campaña organizada contra su persona alcanzaba su punto más álgido. ¿O sería mejor decir el más bajo? Fue dirigida por el portavoz de la Federación Sionista Sudafricana, Avrom Krengel, que, entre otras cosas, intentó impedir la entrada de Goldstone en la ceremonia del Bar Mitzvah de su nieto con el pretexto de que Goldstone había “causado un daño irreparable al conjunto del pueblo judío”.

Pappé no señala las fuentes que emplea para respaldar estas afirmaciones. Como se deduce de la siguiente noticia publicada en el diario israelí Haaretz[8], la información señalada proviene de un informe del que nunca se corroboró su oficialidad que circuló por distintos blogs. De hecho, la Federación Sionista Surafricana negó que se dijera al juez Goldstone que no atendiese al Bar Mitzva de su nieto[9]. En concreto, Avrom Krengel señaló: “al contrario de lo que reflejan informes distorsionados de los medios de comunicación y acusaciones falsas en blogs, la Federación Sionista Surafricana afirma sin lugar a dudas que en ningún momento sugirió que se prohibiese la entrada a la sinagoga al Juez Goldstone[10].

La prensa reflejó la existencia de un conflicto en torno al Bar Mitzva del nieto del juez Goldstone. Sin embargo, el propio juez señaló que “grupos de judíos se habían acercado a él para terminar con la riña”. También añadió que el tribunal judío surafricano había alcanzado un acuerdo por el que se confirmaba que atendería al Bar Mitzva de su nieto y que no habría ninguna protesta más en relación a ese tema[11].

Nótese que Goldstone hizo esas declaraciones en una carta a la revista judía Tikkun[12] (crítica con la política del estado de Israel hacia los palestinos, y sin embargo, a favor del derecho de Israel a existir[13] –y por ende, sionista) que le entregó su premio anual a la defensa de los valores judíos.

Por cierto, Pappé señala que Avrom Krengel intentó impedir la entrada de Goldstone al Bar Mitzva, entre otras cosas. Sin embargo, a la luz de la información aportada en la tribuna, no sabemos a qué otras acciones se puede referir el autor.

Estas precisiones no serían tan importantes si no fuese porque relativizan la prueba central (“lo peor estaba por llegar” (…)” la campaña organizada contra su persona alcanzaba su punto más álgido. ¿O sería mejor decir el más bajo?”) que aporta Pappé para respaldar el argumento principal que motiva toda la tribuna, a saber, que Goldstone se había retractado de las conclusiones que reflejó en el informe popularmente conocido como “Informe Goldstone” debido a las severas presiones de grupos sionistas.

Sobre este particular, le escribimos ateniéndonos a su artículo: “Israel y Palestina: el poder de la opinión[14]”, donde recordaba que “el problema no es que se publiquen mentiras [en los artículos de opinión], sino que a veces los datos son parciales y se presentan de tal forma que inducen a conclusiones erróneas.

No nos resistimos a señalar que Pappé concluye su tribuna diciendo:

(…) en ese caso, volverán a negarle [a Goldstone] el acceso a la ceremonia de Bar Mitzva de su nieto” a pesar de que sabemos que no se le negó el acceso. ¿Cómo puede repetirse algo que nunca ha sucedido?.

Sin embargo, entendemos que hay otros elementos de la tribuna de Pappé que merecen su atención:

El pasado mes de febrero, Goldstone ya afirmó que “Hamás había cometido crímenes de guerra pero no Israel” en una entrevista, que no fue emitida, del Canal 2 de Israel. Seguía sin ser suficiente, los israelíes exigían mucho más.

Entendemos que es sociológicamente complejo y arbitrario atribuir intenciones a un colectivo de más de siete millones de habitantes, más de un millón de ellos musulmanes[15], como la de exigir algo al juez Goldstone. Sería más adecuado que se refiriese a un colectivo más específico, como el gobierno, un partido político o un colectivo de la sociedad civil. Entendemos que Pappé no aporta evidencia alguna que justifique este tipo de generalizaciones y que corre el riesgo de interpretarse como una estigmatización de un colectivo completo.

Pappé vuelve a generalizar en el mismo sentido líneas más abajo cuando dice que Goldstone obra en la creencia de que “así se librará de la justa cólera de Israel”.

No obstante, entendemos que hay otros elementos de la tribuna de Pappé que merecen su atención:

En pocas palabras, se puede ser sionista o, por el contrario, se puede acusar a Israel de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, pero no las dos cosas a la vez”.

Entendemos que el sionismo, el movimiento nacional para construir un estado en parte de los territorios que ocupó el Mandato Británico de Palestina, es un movimiento nacional legítimo, refrendado por las Naciones Unidas. Consideramos que Pappé vincula deliberadamente las políticas concretas de algunos gobiernos del Estado de Israel (que entiende constituyen crímenes de guerra y contra la humanidad) con el movimiento de creación y apoyo al estado de Israel. Al hacerlo entendemos que criminaliza al sionismo sin ninguna argumentación suplementaria que lo apoye o justifique. Existen numerosas organizaciones que defienden la existencia del estado de Israel y al mismo tiempo denuncian lo que entienden como políticas inadecuadas por parte de sus gobiernos. Valgan como ejemplo la citada B’Tselem[16] o Breaking the silence[17]. Pappé le niega al juez Goldstone –y a cualquier persona- esa posibilidad. Entendemos que el uso que Pappé hace de la voz sionismo es inadecuado y no se justifica habida cuenta de la falta de una explicación que permita entender toda la dimensión del argumento.

Sin embargo, entendemos que hay otros elementos de la tribuna de Pappé que merecen su atención:

Los palestinos atraerán sobre sí mismos un nuevo Holocausto” prometió a los ciudadanos de Gaza Matan Vilnai, secretario del ministro de Defensa en febrero del 2008”.

Es difícil colegir de las palabras de Matan Vilnai que prometiera, es decir y siguiendo a la Real Academia[18]: “que se obligara a hacer”.

The Guardian recoge las declaraciones[19]: “mientras más se intensifique el lanzamiento y la distancia de los cohetes Qassam, mayor será la shoah que [los palestinos de Gaza] atraerán sobre sí mismos”.

Haaretz señala que el portavoz de Vilnai aclaró que empleó el término en el sentido de “desastre”[20] y no de holocausto.

Esta precisión pudiera parecer trivial, pero no lo es en la medida en que se emplean las  declaraciones (que no hechos) de un secretario del Ministerio de Defensa como apoyo argumental a la aseveración de que existe una política criminal por parte del Estado de Israel.

Entendemos que se trata de un salto argumental arriesgado y que las declaraciones no tienen carácter probatorio de nada, salvo de su impertinencia.

Ahora bien, más allá de estas precisiones y otras que nos dejamos en el tintero, nos interesa el argumento central de artículo, a saber, que “es más bien su deseo [del juez Goldstone] de volver al confortable redil sionista lo que ha dado origen a su injustificable renuncia”.

Dice Pappé: “Y si no fue esta la frase inicial del citado artículo [“Si llego a saber que este informe se utilizaría para tacharme a mí, precisamente a mí, de “judío que odia a los judíos”, no solo ante los ojos de mi adorado Israel, sino también ante los ojos de la comunidad judía sudafricana -que es la mía-, nunca hubiera redactado este informe] sí es desde luego la que subyace en todo su texto”.

Pedimos, por favor, a la Defensora del lector que se tome el tiempo de releer con detenimiento el artículo del Washington Post[21] al que hace referencia Pappé.

Tenemos que confesar que somos incapaces de ver que sea la idea que señala Pappé la que subyace en el texto. De hecho, entendemos que hay una desconexión total, absoluta entre lo que dice Goldstone y lo que interpreta Pappé en la tribuna.

A falta de una explicación convincente, afirmamos que Pappé no demuestra en ningún momento que su interpretación de los hechos sea cierta o tenga alguna relación con la realidad. Establece paralelismos (con William Fullbirght y AIPAC), habla sobre ciertos “judíos liberales incapaces de persistir en sus buenas intenciones”, o se apoya en noticias sobre “unidades especiales del ejército de Israel para identificar y perseguir la deslegitimación de Israel en el extranjero”, pero en ningún momento demuestra con hechos u argumentos convincentes que el juez Goldstone se haya retractado de su aseveración por presiones de grupos sionistas o su “deseo de volver al redil sionista”.

En este sentido, nos acogemos a su artículo ¿Es antisemita criticar al gobierno de Israel? [22]en el que señala: “los periodistas nunca debemos olvidar que nuestra primera obligación es buscar la verdad, y esta se sustenta en hechos, no en versiones que obedecen a estrategias de propaganda”.

Entendemos que no hay hechos que sustenten lo que consideramos es una estrategia discursiva de Pappé para desacreditar la decisión de retractarse del juez Goldstone.

Como señalaba en su artículo: “Israel y Palestina: el poder de la opiniónlas opiniones son libres, por supuesto, pero los hechos deberían ser sagrados. Si bien es cierto que cualquier autor puede reclamar el derecho a seleccionar los datos y hacer la interpretación que crea conveniente, el diario también puede considerar que un artículo con carencias en el respeto a los hechos probados no alcanza la calidad mínima necesaria para ser publicado”.

Entendemos que la tribuna “El juez Goldstone” de Ilan Pappé tiene severas carencias con respecto a los hechos probados y queremos señalar que no entendemos por qué se ha considerado que tenía la calidad mínima como para ser publicado.

Consideramos que el diario El País debiera explicar por qué consideró el artículo apto para publicarse y, en caso de que no se encuentren motivos que se ajusten a los rigurosos y profesionales criterios que el propio diario ha definido y por los que vela usted como Defensora del lector, se reconozca públicamente el error y el diario se retracte públicamente de su decisión.

Sin más por el momento, le agradecemos su atención.

Atentamente,

Andrés von der Walde, Director de ACOM

Clara Fernández, Responsable de medios de comunicación de ACOM

http://acom-es.com

 


[2] VV.AA. (1997) SIPRI Yearbook 1997: Armaments, Disarmament and International Security. Oxford University Press.

[4] [4] VV.AA. (2009) SIPRI Yearbook 2009: Armaments, Disarmament and International Security. Oxford University Press. Se puede previsualizar la estimación en Google Books, página 83: http://bit.ly/gfNWNI

[10] Ibídem.