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COMUNICADO ACOM: sobre los peligros de reconocimientos unilaterales de estados ficticios por la vía de la internacionalización de un conflicto

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El inmediato anuncio de Pablo Iglesias tras su reunión con Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España, adelantando el compromiso del Ejecutivo de reconocer un supuesto estado palestino revela nuevamente la obsesión enfermiza, casi psicótica, de Podemos contra Israel. Cabe recordar que el propio Iglesias y su camarilla cobran o han cobrado directamente a través de la televisión HispanTV salarios de la teocracia islamista de Irán, un régimen negacionista del Holocausto y comprometido en la destrucción del estado judío.

Más allá de la burda escenificación, y aunque el objetivo extremista de Podemos se desinfla por momentos, hay que advertir que el gobierno cometería una frivolidad imperdonable reconociendo un estado palestino que no existe, pues en ese momento despojaría a España de cualquier legitimidad moral en nuestra lucha contra el secesionismo, invitando a que cualquier país reconociese un estado catalán de modo igualmente unilateral y sin el consenso de la comunidad internacional.

En política internacional los posicionamientos gratuitamente hostiles contra países tienen consecuencias. Si España reconociese a un ficticio y virtual estado palestino, ¿qué impediría hacer lo propio a Israel con un estado catalán igual de inexistente?

Es necesario recordar que el PSOE ya tuvo ocasión de votar sobre este asunto recientemente. Dicha moción, aprobada por amplísimo consenso parlamentario, condicionó el reconocimiento de ese supuesto estado palestino a lo marcado por la hoja de ruta de los acuerdos de Oslo: la necesidad de llegar a un acuerdo por la negociación entre las partes, que esa estatalidad se produjese en el marco de un reconocimiento internacional (nunca una decisión unilateral de nuestro país) y siempre respetando las necesidades de seguridad de Israel. Ninguna de esas condiciones se cumple hoy día.

El error de reconocer un estado sin territorio ni fronteras internacionalmente aceptadas sería máximo. Los territorios palestinos cuentan con un gobierno ilegítimo que ni siquiera controla su territorio, con una bicefalia gubernativa desde hace lustros permanentemente al borde de la guerra civil entre palestinos. Y de esos dos liderazgos, a cuál de ellos peor en cumplimiento de estándares mínimos de un estado de derecho: por un lado, Hamas, una organización terrorista islamista radical, que impone en Gaza un régimen opresivo contra su propio pueblo y el terror permanente contra la población israelí. Por otro, la Autoridad Palestina en la margen occidental, sumida en una corrupción perpetua mientras vive de los fondos internacionales y glorifica el terrorismo palestino sin el menor rubor.

Entre la pléyade de motivos alarmantes que disuaden del mencionado reconocimiento unilateral, destaca el hecho de que los palestinos no cuentan con unas instituciones mínimas capaces de sostener un estado. Esto haría de ese supuesta entidad un estado fallido que muy seguramente acabaría en manos de grupos yihadistas, convirtiéndose en otro peligrosísimo foco de terrorismo islamista sin control. Un peligro para la seguridad de Israel y de toda Europa que el gobierno de Pedro Sánchez no debe fomentar, por mucho que los irresponsables de Podemos lo promuevan.