Discurso de Angel Mas, presidente de ACOM, al recibir el premio Or Janucá de la Comunidad Judía de Madrid

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Buenas noches y muchas gracias.

Distinguidas autoridades religiosas, embajadores, representantes políticos y de los cuerpos de seguridad, queridos dirigentes de las comunidades y organizaciones judías, admirado y valiente padre Naddaf, queridos amigos, hermanos.

Para todos los que, durante años, vienen colaborando en ACOM, recibir el premio Or Janucá de la CJM es un gran orgullo, pero también una gran responsabilidad. ACOM nació para influenciar la agenda política nacional en favor de Israel, un estado amigo y aliado de España. Nos hemos enfocado en informar a los gobernantes con capacidad de decisión y a los medios que ejercen su influencia. Nos hemos embarcado en iniciativas y acciones concretas: desde evitar que empresas españoles fueran cómplices del programa nuclear genocida iraní hasta movilizar recursos internacionales  para que a ningún Bardem le siga saliendo gratis insultar a una democracia y demonizar a su pueblo.

A veces las acciones políticas son reactivas, desde evitar que España abra un consulado  en un nido de terroristas como es Gaza, a trabajar con los muchos amigos que tenemos en el Gobierno y en el Parlamento para que iniciativas frívolas de reconocimiento de Estados que no existen se acaben proponiendo en términos menos escandalosos, en contra de la paz y los propios intereses de España. En ocasiones, nuestras gestiones tienen resultados tangibles, y a veces pasan desapercibidas, como aquellas malas decisiones que se evitaron y no tuvieron trascendencia. En otros casos, nuestras iniciativas son de largo recorrido, como fue promover el intergrupo parlamentario de Amistad con Israel  en el Congreso donde casi 100 diputados  de todo el espectro ideológico participan en actividades que  acercan a nuestros países y legitiman al estado judío  y su seguridad. Y también, a veces, a pesar de darlo todo, fracasamos.

Continuamente enviamos información a nuestros amigos para que adquieran una perspectiva profunda y equilibrada de asuntos relevantes, y nos los llevamos a Israel. Nada es tan potente como conocer la realidad sin tamices malintencionados.

Y todo ello lo hacemos con la colaboración y el apoyo de muchos voluntarios que contribuyen con su tiempo , sus conocimientos, sus contactos, con las generosas donaciones de personas que, anónimamente, nos permiten desarrollar todas estas actividades. A todos ellos, mil gracias.

Lo conseguimos con el valor y la convicción de representantes políticos que demuestran su fibra moral enfrentando públicamente a la turba y el pensamiento único y defienden la causa de la libertad fuera de los focos y sin reconocimiento público. Por favor, recuerden agradecérselo cuando los saluden.

Nos ayudan periodistas que se atreven a escribir lo que otros piensan y callan, y blogueros y twitteros que confrontan la peor chusma en las redes sociales y nos recuerdan a todos que, aunque a veces demasiado pasivos o silenciosos,  no estamos ni solos, ni aislados.

Muchas veces nos preguntan si no es una labor muy difícil e ingrata defender a Israel en España. En realidad, defender a una democracia plural, garantista y ejemplar, no es difícil. Defender a sátrapas, a yihadistas, a terroristas suicidas, a bárbaros que subyugan a mujeres, que cuelgan a homosexuales, que esclavizan a minorías, tener esa labor, por mucho que te pague algún jeque, eso sí que debe ser difícil e ingrato. Lo nuestro , nuestra causa, es inspiradora, y luminosa.

Pero, como saben, los enemigos de la razón son muchos, y tienen ingentes recursos. Para defenderla necesitamos personas con convicción y con dedicación. Las sociedades sanas se distinguen por que sus ciudadanos no se limitan a quejarse de lo mal que están las cosas sino que se comprometen en su solución. Con su tiempo, su dinero y su ayuda… y sin jeques.

Si Vds creen que el pueblo judío tiene derecho a un estado democrático, seguro y respetuoso de sus minorías; si creen que, como dice el himno nacional de Israel Hatikva, debemos contribuir a la esperanza de dos mil años para ser un pueblo libre en la tierra de Sión y Jerusalem, entonces les invito a que nos ayuden a seguir contribuyendo modestamente a esa causa justa y trascendente.

He mencionado Hatikva. En los actos a los que asistimos de organizaciones y comunidades amigas en Londres, Washington, Bruselas o Méjico siempre hay un momento para cantar ese himno como signo de unión y esperanza compartidas, Por eso me gustaría invitarles hoy en Madrid, en España, a que nos pongamos en pie y nos abracemos al pueblo de Israel en su himno.

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