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El Vaticano no protege a los cristianos haciendo guiños al extremismo

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Si Jesús y sus padres fueran a entrar hoy en Belén como una familia judía en busca de refugio, serían linchados.

 

Cuando El Vaticano aborda asuntos relacionados con Israel, a veces se equivoca. El anuncio de la pasada semana reconociendo el Estado palestino es otra señal de que el Vaticano debería seguir la advertencia de Jesús: A Dios lo que es suyo, y dejar al César las cosas de los hombres.

Aunque el reconocimiento es en gran medida simbólico, sirve como recompensa para Mahmoud Abbas, presidente palestino y cuyo mandato expiró hace seis años, para que pueda continuar saboteando las conversaciones de paz con Israel. Abbas, a quien el Papa denomina “Ángel de paz” (para más tarde desdecirse con imprecisiones), es el encargado de la Autoridad Palestina en su cotidiano esfuerzo por mostrar a los terroristas como modelos a seguir, con el objeto de atraer futuras generaciones de jóvenes palestinos a inmolarse en medio de una multitud de inocentes. Entre otras actividades de la Autoridad Palestina, esta ésa. No lo olvidemos.

Esta iniciativa vaticana no provocará la creación de un Estado palestino, pero envía un fuerte mensaje a Israel, que está siendo aislado diplomáticamente.

Numerosos observadores  vienen denunciando la persecución a cristianos en zonas controladas por la Autoridad Palestina. Parece que el acuerdo es un intento desesperado por proteger a dichos cristianos, en un momento en que una ola de fundamentalismo islámico está barriendo la región con el genocidio cristiano como primera meta. El Vaticano, en su intento por amainar los ánimos, va a aprender, en su bisoñez, una desafortunada lección acerca de lo que para muchos integristas no deja de ser un acuerdo de musulmanes con infieles.

Incluso antes del apogeo del fundamentalismo islámico, a la comunidad cristiana no le ha ido bien bajo la Autoridad Palestina. Belén, la ciudad de nacimiento de Jesús, es un caso revelador.

Tras los Acuerdos de Oslo, la Autoridad Palestina se hizo cargo de Belén en 1995. La Autoridad Palestina trajo consigo un sistema político basado en las relaciones tribales primitivas, donde el poder del clan se convirtió en un sustituto legítimo de la ley.

En Occidente, en cierto modo, creemos que cuando firmamos acuerdos tras una negociación, el contrario relaja o abandona sus propias prerrogativas culturales. Ellos no. Como consecuencia del tribalismo palestino, los cristianos sufren persecución civil y violencia criminal. Claro, siempre les queda recurrir a la Justicia. Si la hubiere.

Una de las primeras medidas que tomó Arafat cuando se hizo cargo de Belén fue ampliar sus límites municipales, con la intención de incluir a 30.000 musulmanes que vivían en campos de refugiados periféricos. Un grotesco proceso para transformar Belén de una ciudad cristiana a una ciudad musulmana.  Incluso con la artificial expansión de los límites municipales los cristianos conservaron la mayoría demográfica. Posteriormente Arafat incentivó a musulmanes para que abandonasen Hebrón y se reasentaran en Belén.

Luego vino la toma de tierras, el acoso, incluso el asesinato. Los cristianos huyeron, y menos del 10% de esta ciudad profesan la fe cristiana. De hecho, la Navidad apenas se celebra.

En otra punto del conflicto, en Taibe, una turba musulmana movida por “una cuestión de honor contra los cruzados”, quemó una estatua de la Virgen María.  Todo porque una mujer musulmana quería casarse con un cristiano. Lo que es peor; ella fue golpeada hasta la muerte en un crimen de honor. Él, encarcelado. La multitud no fue castigada.

Al acercarse la Navidad de 2005, tomando nota de la desesperada situación de los cristianos que vivían bajo dominio palestino, el Vaticano hizo una maniobra diplomática, pidiendo a Israel que interviniese para proteger a los cristianos. El Padre Artemio Vitores se hizo eco de esta petición, y le rogó al presidente israelí Moshe Katsav que les “ayudase a mantener Belén”. Pero ya era demasiado tarde. Los Acuerdos de Oslo habían puesto Belén bajo el gobierno de Arafat y su código ético hacia los cristianos.

No hay duda de que el Vaticano considera que apaciguar a la Autoridad Palestina protegerá al resto de la comunidad cristiana en un momento de grave peligro. No lo hará. Los cristianos, como los judíos, son ciudadanos de clase dhimmi, ciudadanos de segunda clase según la sharia. La medida sólo ha envalentonado a los palestinos para hacer lo que su cultura les ordena que hagan; triunfar sobre el infiel.

Belén estaba constituida por un 90% de cristianos y un 10% de musulmanes. Hoy en día es precisamente lo contrario. Si Jesús y sus padres fueran a entrar hoy en Belén como una familia judía en busca de refugio, serían linchados.

El Vaticano, en un acto de diplomacia desesperada, sin saberlo, contribuye a tal dramática situación.

Abraham H. Miller

Original: Algemeiner

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