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Kushner tiene razón sobre la ONU

Kushner tiene razón sobre las Naciones Unidas
Es hora de cambiar UNRWA, la agencia que subsidia la desesperación y el conflicto continuo entre israelíes y palestinos

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Es posible que Jared Kushner tenga razón al tratar de alterar la estructura actual de la asistencia económica a los palestinos.

Desde 1950, Estados Unidos ha contribuido con más de 6 mil millones de dólares a la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, UNRWA.

UNRWA apoya a aproximadamente 5 millones de refugiados palestinos registrados, y sus descendientes, en Jordania, Líbano, Siria, Gaza y Cisjordania, incluida Jerusalén Oriental, que fueron desplazados durante las guerras árabe-israelíes de 1948 y 1967. Sólo 30.000 de los 5 millones de palestinos de UNRWA son refugiados de primera generación. Las operaciones más visibles de UNRWA se encuentran en Gaza, una responsabilidad casi imposible que se hace aún más difícil, ya que Hamas y los israelíes están al borde de la cuarta guerra de la última década.

Al igual que cualquier organización establecida en la década de 1950, es hora de entrar en el siglo XXI. Sin embargo, la revisión de UNRWA requiere una diplomacia reflexiva con matiz económico.

La comunidad internacional no debería considerar UNRWA como una entidad monolítica. Las circunstancias en Jordania, Cisjordania y Jerusalén Este son muy diferentes a las de Gaza, Siria o los campamentos de refugiados sellados en el Líbano. UNRWA brinda principalmente servicios de salud, educación y servicios sociales; no se equivoque, esta ayuda salva vidas a los más vulnerables. Pero después de 70 años, la estructura de incentivos ha desaparecido, creando una arcaica dependencia en la población. La mayoría de los palestinos preferiría la dignidad de un estado, un trabajo y el potencial de un futuro real que las entregas de canasta de alimentos, generación tras generación. Aun reconociendo su buen trabajo en lugares difíciles, UNRWA subvenciona la disfuncionalidad y un statu quo insostenible en la mayor parte del Levante de Oriente Próximo. Aquí hay tres sugerencias para cambiar UNRWA.

Primero, establecer una estrategia de salida a 10 años vista. La salida de UNRWA no puede prejuzgar la reivindicación palestina del derecho de retorno que, si alguna vez se resuelve, tendrá que ser negociado en un acuerdo global con los israelíes. Más bien, un cronograma de 10 años con una fecha de salida clara ayudará tanto a israelíes como a palestinos a poner el foco en las cuestiones existenciales que los separan. Por ejemplo, el sistema escolar de UNRWA es radicalmente moderado en comparación con lo que Hamas impondría en Gaza. Con la retirada de UNRWA de Cisjordania, la Autoridad Palestina o el gobierno israelí tendrán que financiar la salud y la educación de potencialmente un millón de personas. Una salida de 10 años requiere que las partes comiencen una resolución planificada y decidida y, al hacerlo, dirigirá a dos las partes inevitablemente al statu quo.

Segundo, comenzar el plan de salida de UNRWA en Jordania. La ONU, a través de UNRWA, debería financiar una subvención en bloque de 10 años a Jordania por valor de 500 millones de dólares al año. La mayoría de los dos millones de refugiados palestinos en Jordania están política, económica y socialmente integrados en el Reino Hachemita. Sin embargo, Jordania sufriría un gran golpe económico por incorporar a dos millones de personas al sistema de bienestar social jordano. En la estrategia de salida de UNRWA, la mitad de la donación anual en bloque proporcionaría servicios sociales para la próxima década, y el saldo restante se utilizaría para impulsar el comercio y la competitividad del sector privado a fin de que la economía jordana pudiera absorber el impacto del derecho retirado.

En tercer lugar, trasladar las operaciones de refugiados en Siria y Líbano de UNRWA al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que tiene el mandato de proteger a los refugiados y ayudar en su repatriación voluntaria, integración local o reasentamiento en un tercer país. Esta medida interinstitucional de la ONU mantendría el derecho al retorno como una cuestión política que se negociaría entre los israelíes y los palestinos. Además,  ACNUR ya está operando tanto en Siria como en El Líbano, donde dirige una empresa global masiva y brindará su experiencia a los palestinos. En Siria, la situación es tan inestable que los palestinos, como los refugiados sirios y los desplazados internos, deben estar protegidos por el derecho internacional humanitario. En el Líbano, cualquier movimiento abrupto para integrar plenamente a los palestinos en la vida económica y política probablemente amenazaría el frágil tejido demográfico que apenas mantiene unido a ese país. De hecho, las consecuencias de cambiar el statu quo de los refugiados palestinos en el Líbano podrían tener consecuencias graves e imprevisibles, ya que Hezbollah probablemente ejercería un mayor control sobre las funciones del Estado.

Kushner tiene razón al exigir una reorganización fundamental de UNRWA. La agencia de la ONU sirve como un proveedor de ayuda humanitaria, pero al mismo tiempo, más de 70 años desde su creación, subsidia la desesperación y el conflicto continuo entre palestinos e israelíes. Sin embargo, el cambio de UNRWA genera algunas señales de advertencia dado que un cambio disruptivo puede causar un daño real. La administración norteamericana debe garantizar que UNRWA pueda comenzar el año escolar para todos sus estudiantes, particularmente en Gaza. Imagine a los israelíes y palestinos al borde de la guerra con escuelas cerradas por tiempo indefinido. Además, una estrategia de salida de la UNRWA requerirá una intensa cooperación internacional. Por último, el conflicto israelí-palestino es el lecho donde mueren las grandes ideas, y el fracaso es una posibilidad real. El mundo de hoy es muy diferente al de 1950 cuando se creó UNRWA. Interrumpir el modelo organizativo de UNRWA y sustituirlo por uno más ajustado a la actualidad es esencial si Oriente Medio quiere ver un futuro diferente.

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SOBRE EL AUTOR

Dave Harden es el Director Gerente del Grupo de Estrategia de Georgetown y fue uno de los diplomáticos estadounidenses con más años de servicio en Israel, liderando la misión de asistencia a Cisjordania y Gaza durante más de una década.

Original publicado en Times of Israel