EspañaIsraelOriente MedioTerrorismo

La realidad que Dezcallar aparenta no ver

Publicado el

Desde ACOM mostramos nuestra sorpresa y estupefacción tras leer un artículo de opinión firmado de puño y letra por el diplomático y ex Director del CNI Jorge Dezcallar. El texto, titulado “Matar palestinos” y publicado el 8 de abril en La Opinión de Málaga, es uno de esos ejemplos en los que la mezcla de medias verdades y omisiones da como resultado una gran mentira.

Se indica en el artículo que matar palestinos se ha convertido en rutina para Israel, lo cual ya denota el sesgo del señor Dezcallar. Cada vida es importante, cada muerte se lamenta, pero poniendo cifras sobre el tapete, desde la fundación del Estado de Israel han muerto la misma cantidad de palestinos en el conflicto con Israel que a manos de sus hermanos árabes. En los últimos años, muchos menos que en la guerra de Siria, donde los palestinos han sido masacrados y torturados.

Continúa diciendo que en Gaza “dos de cada tres personas son refugiados que fueron expulsados de sus hogares al crearse el Estado de Israel“. Cualquier persona con sentido común debería darse cuenta de que esto es imposible. El Estado de Israel se fundó hace 70 años. Es imposible que 2/3 de la población de Gaza tenga más de 70 años. ¿Qué ocurre? Pues que los “refugiados palestinos” no lo son en los términos recogidos en la convención de Ginebra. No son personas que tuvieron que abandonar su tierra y refugiarse en otro país. Sólo quedarían unos 12.000 refugiados palestinos en este sentido estricto. Hay trampa. La UNRWA, agencia de la ONU dedicada en exclusiva a los refugiados palestinos admite que se herede dicha condición, de generación en generación. Esto no se admite para ningún otro refugiado del mundo. Ahora se exigiría a Israel aceptar el “retorno” de 5 millones de personas, no de 12.000. Esa es la clave del asunto. La “marcha del retorno” no se refiere a que vuelvan los que se fueron, sino sus descendientes y los descendientes de sus descendientes. La marcha de Gaza no fue una protesta pacífica, los líderes de Hamas animaban a asaltar la frontera israelí. Resulta curioso (y preocupante) que el Sr. Dezcallar, habiendo sido director del Centro Nacional de Inteligencia, parezca desconocer que Hamas es considerada una organización terrorista en el estado español.

De los judíos expulsados de países árabes en 1948 por supuesto no se habla en el artículo. Fueron acogidos en Israel y sus descendientes son, como es normal, ciudadanos israelíes. Tampoco habla de los árabes israelíes, que también son ciudadanos de pleno derecho.

Agradecemos que diga que los israelíes no son mala gente. Eso da el toque de “imparcialidad” (falsa condescendencia, más bien). A continuación se pregunta por qué los palestinos atacan a sus vecinos si eso no es lo normal y pone dos ejemplos de países europeos. Quizá es que ningún país europeo está gobernado por una entidad terrorista islámica que adoctrina diariamente a su población en el odio al vecino e incluso da compensaciones económicas a los “mártires” (los que salen vivos) o sus familiares . ¿Se preguntó Dezcallar que llevaba a los musulmanes que atentaron en París, Londres o Barcelona a actuar así?

A continuación habla de la tragedia de la Naqba, las naqba judía, la de los refugiados judíos de países árabes, ni es mencionada.

Después hace la tremenda afirmación de que los palestinos están furiosos con los israelíes como consecuencia de ….¡SUS PROPIOS ERRORES! La normalidad según Dezcallar es rechazar la paz y las ofertas más beneficiosas para ambas partes, para a continuación, proseguir en la dinámica de hostilidad, un camino a ninguna parte.

Las soluciones obvias que propone Dezcallar no prosperaron, según él, por desconfianza mutua, pero …objetivamente fueron rechazadas todas por la parte palestina.

A continuación suelta el mantra “ultra conservador” para referirse al actual gobierno israelí. No añade epítetos, sin embargo, sobre el líder palestino Abbas, que llegó a decir textualmente: “No dejaremos que los judíos con sus sucios pies contaminen Al Aqsa. Toda gota de sangre derramada por Jerusalén será bienvenida”.

Las manifestaciones de corte medieval de los líderes palestinos no merecen el análisis de Dezcallar. Esas incitaciones al odio y la violencia no son un problema, pero si admitir que un estado soberano como Israel ponga su capital donde legítimamente desee.

El pueblo palestino es rehén y víctima de sus propios dirigentes. No se les permite avanzar ni desarrollarse porque son usados por otros como arma contra el Estado Judío. Y si Israel, como única potencia democrática en la zona, comete excesos, el propio sistema garantista israelí lo investiga, lo persigue, lo castiga, y exige unos estándares éticos a su ejército. Del otro lado jamás se cuestiona la muerte de un israelí.

Animamos al señor Dezcallar a que se responda a sí mismo si es antisemita o no.