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INFORME ACOM: la verdad sobre Gaza y sobre el derecho de Israel a defenderse del terrorismo

La verdad sobre Gaza y sobre el derecho de Israel a defenderse del terrorismo
  • Israel es sometido a una agresión constante e intolerable desde Gaza, que pone en riesgo las vidas de sus habitantes.
  • No existen ni la ocupación ni el bloqueo a Gaza, la violencia sólo es fruto del fanatismo.
  • Como cualquier estado del mundo Israel tiene el derecho y el deber de defender las vidas de sus ciudadanos.
  • El derecho internacional ampara tanto la respuesta militar en defensa propia como acciones destinadas a evitar agresiones futuras.

¿Qué diríamos los españoles si decenas o centenares de bombas cayeran en las cercanías de nuestra frontera sur? ¿Qué medidas exigiríamos a nuestros gobernantes si nuestros hijos tuviesen que correr muchos días del año desde su colegio a un refugio antiaéreo? ¿Cuál sería la reacción de la opinión pública si decenas de nuestros compatriotas hubiesen sido asesinados en estos ataques y miles hubiesen resultado heridos cerca de Ceuta, la Línea de la Concepción o Málaga?

Cualquier país que ve su territorio constantemente bombardeado tiene el derecho y el deber de defender a sus ciudadanos. Es, sin duda, el caso de Israel, que a pesar de que abandonó Gaza en el año 2005 ha visto como miles de cohetes han sido lanzados contra su territorio, causando la muerte de decenas de civiles, exigiendo un multimillonario esfuerzo civil y militar y sometiendo a cientos de miles de israelíes a unas condiciones de vida penosas.

Algunas verdades sobre Gaza: ni ocupación ni bloqueo

Muchas de las cosas que se dicen en los medios de comunicación internacionales sobre la Franja de Gaza son medias verdades e incluso groseras mentiras. Para entender lo que realmente ocurre en el sur de Israel es necesario desmontar varios de estos bulos.

El primero de ellos es la gran mentira de la ocupación: Israel no ocupa la Franja de Gaza, al contrario se retiró voluntariamente de este territorio en el año 2005, sin exigir ninguna medida como contrapartida y obligando a 8.000 ciudadanos israelíes a abandonar los asentamientos allí, que en algunos casos tenían décadas de antigüedad. La operación, además, supuso un coste económico para Israel de más de 3.000 millones de euros, según reconocía El País.

Tampoco existe un bloqueo israelí a Gaza: sí hay un embargo de determinados bienes -por supuesto armas, pero también aquellos que pueden usarse para fabricarlas. Asimismo, tampoco se permite la entrada en la Franja de ciertos materiales que pueden servir para la construcción de los túneles bajo la frontera que los terroristas de Hamás usan para realizar atentados terroristas en suelo israelí.

Del mismo modo, sólo está permitida la entrada de habitantes de Gaza en Israel bajo determinadas circunstancias o con permisos especiales, por ejemplo para recibir tratamiento médico en hospitales israelíes. Este fue el caso, por ejemplo, nada más y nada menos que de la hija del líder de Hamás, Ismael Haniya, que fue tratada en Tel Aviv sólo unas semanas después de la última guerra en Gaza.

Pero también se permite también el paso de comerciantes y de ciudadanos con otro tipo de permisos: en los nueve primeros meses de este año han atravesado el paso fronterizo de Erez casi 67.000 personas, más de la mitad de ellas comerciantes y aproximadamente un tercio enfermos y sus familiares o acompañantes.

Todas las restricciones al paso de mercancías o personas de Gaza a Israel y viceversa se han ido modificando según las circunstancias de cada momento y, en cualquier caso, se vieron endurecidas desde la llegada al poder -después de una guerra civil entre facciones palestinas- de la banda terrorista Hamás.

Además, no hay que olvidar que Israel no es el único país que limita con la franja de Gaza: Egipto tiene también una frontera con este territorio y un paso fronterizo: el de Rafah, que está controlado esencialmente por las autoridades egipcias.

Sin embargo, en los trece años que nos separan de la fecha en la que Egipto tomó el control de el paso se ha visto obligado a cerrarlo en numerosas ocasiones por la amenaza terrorista que procedía de Gaza, sus divergencias con los líderes de Hamás que controlan la Franja o sus propios problemas con el terrorismo en el Sinaí.

En la actualidad esta frontera está abierta con cierta normalidad para el paso de personas, y en los nueve primeros meses del año la han atravesado casi 60.000 personas, si bien esta estadística está algo distorsionada porque en los tres primeros se registró una actividad muy baja: estuvo cerrado todo enero, parte de febrero y casi todo marzo. Desde mayo la actividad se ha recuperado y lo atraviesan más de 12.000 personas al mes.

¿Quién tiene la culpa de la situación en Gaza?

Es cierto que la situación económica en Gaza ha venido degenerando desde la salida de Israel en 2005 y, muy especialmente, desde que Hamás tomase el poder en 2007. Pero, ¿quién es el responsable de ello?

Una pista para saberlo es comparar la evolución de la economía en Cisjordania -zona controlada por la ANP- y en Gaza, donde el control lo ejerce Hamás. La primera lleva años con un crecimiento económico sostenido, aún a pesar de que la administración de la ANP deje mucho que desear en cuanto a sus prioridades -sigue dedicando un 15% de su presupuesto a subvencionar el terrorismo, por ejemplo-, a unos altísimos niveles de corrupción, a la elevada inestabilidad y a las campañas de BDS que perjudican las inversiones económicas en la zona.

La situación en Gaza, por el contrario, no ha dejado de deteriorarse en los últimos años debido a la desastrosa administración de Hamás -entre cuyas prioridades no está el crecimiento económico- y también a la destrucción causada por los conflictos bélicos que han provocado los ataques terroristas.

Por otro lado, en los últimos tiempos esta situación ha empeorado porque la Autoridad Nacional Palestina ha decidido dejar de traspasar determinados fondos a Hamás o, por ejemplo, de dejar de pagar a Israel por el combustible y la electricidad que se consumen en la Franja. Esto no es una consecuencia de ninguna política de Israel o del embargo, sino de las divisiones entre las propias facciones palestinas.

Finalmente, aunque muchas ocasiones los medios de comunicación internacionales y los terminales propagandísticos de “causa palestina” hablan de la “crisis humanitaria” que se vive en Gaza hay un dato que desmiente este hecho: la población en el interior de la Franja crece a un ratio del 3% anual, la decimotercera mayor tasa de crecimiento en todo el mundo. Es evidentemente que un territorio sometido a una verdadera crisis humanitaria no experimenta esas tasas de crecimiento poblacional.

Quizás lo que sí podría ser calificado como crisis humanitaria es la forma en la que los propios palestinos tienen que sufrir la tiranía de sus gobernantes, tal y como desveló recientemente la ONG Humans Rights Now, que ha documentado decenas de casos de detenciones arbitrarias y torturas a disidentes y blogueros proporcionadas tanto por Hamás como por la ANP.

Israel bajo el fuego

En los últimos días Israel ha visto como una auténtica lluvia de cohetes lanzados desde Gaza caía en su territorio. En los últimos días, de hecho, en poco más de 24 horas Hamás lanzó 460 cohetes que provocaron la muerte de una persona, dejaron heridas de gravedad a otras tres y más leves a decenas,

El ataque ha sido más intenso de lo habitual, pero no es algo excepcional: desde 2001, y muy especialmente desde que Hamás se hizo con el poder en Gaza en 2007, bombardear Israel ha sido una de actividades que desarrollan normalmente los grupos terroristas palestinos en la Franja, sobre todo el mayor de ellos: Hamás.

Una web que cuenta cada día los cohetes lanzados cifra en nada más y nada menos que 29.000 cohetes y proyectiles de mortero se han lanzado en estos años sobre territorio israelí, la mayoría desde Gaza. Inicialmente se trataba de los llamados Qassam, muy sencillos y de corto alcance, pero en los últimos años Hamás ha logrado hacerse con otros modelos más modernos y precisos y que llegan a amenazar ciudades de todo el sur y el centro del país, incluida Jerusalén, e incluso más al norte: los impactos han llegado a Tel Aviv y hasta a Haifa, ya a sólo unas decenas de kilómetros del Líbano.

Además, los terroristas palestinos han desarrollado recientemente otras tácticas para seguir aterrorizando a las poblaciones israelíes en las cercanías de Gaza, como el lanzamiento de cometas incendiarias para provocar fuegos al otro lado de la frontera y con las que en los últimos meses han quemado importantes extensiones de terreno.

Pese a esta increíble cantidad de ataques en estos casi veinte años solo han fallecido tres docenas de ciudadanos israelíes, una cifra terrible pero sorprendentemente baja dada la magnitud de la agresión. No obstante, esto no se debe a la falta de peligrosidad de los ataques, sino que es gracias a las excepcionales medidas de seguridad y protección que ha tomado Israel y que se toman en las ciudades cercanas a Gaza, especialmente el costosísimo sistema antimisiles Cúpula de Hierro.

En cualquier caso, ningún país del mundo soportaría ser atacado durante años desde el exterior ni asumiría el coste en vidas y en otros muchos aspectos que Israel soporta antes de iniciar operaciones bélicas en Gaza.

Derecho a la defensa

La legislación internacional reconoce que un estado puede defenderse en caso de un ataque, un derecho que recoge el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas, que habla del “derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas”.

Este derecho cubre evidentemente la posibilidad de defenderse directamente de un ataque, pero también la de ejercer represalias de diversos tipos, incluidas las militares, que serían ilegales de no haberse producido la agresión previa.

En cualquier caso, para que sea legales deben cumplir requisitos como que haya existido una violación del derecho internacional previo, cosa que es obvio que los bombardeos son; que se haya intentado antes una solución que no incluya la violencia, cosa que el gobierno israelí siempre trata, incluso asumiendo un enorme coste político y la dimisión de ministros como ha sido el caso de Avigdor Liberman, que hasta esta última crisis ocupaba la importantísima cartera de Defensa; y, por último, que los ataques sean proporcionales al daño recibido, es decir, Israel no podría lanzar bombardeos masivos sobre toda la población civil de Gaza -a pesar de que sí sufre ataques sobre su propia población civil- pero sí sobre objetivos concretos, habitualmente relacionados con los ataques perpetrados, tal y como hace.

Preocupado por esta proporcionalidad y por las vidas de los civiles inocentes, es tal el interés de Israel por evitar que sus ataques dañen a la población civil que en la crisis de los últimos días se ha llegado a avisar por teléfono a residentes en Gaza de que se iba a producir un bombardeo en su zona, para que estos avisasen a su vez a los vecinos y desalojasen sus viviendas, tal y como ha explicado en Twitter el corresponsal del diario Telegraph. En otras zonas se ha reportado el envío de mensajes de móvil a residentes e incluso el uso de munición sin carga explosiva en primeros lanzamientos de aviso, con lo que el ejército israelí asume un importante incremento del riesgo para sus pilotos. Lamentablemente, Hamás usa a su propio pueblo como escudo humano y en muchas ocasiones desarrolla sus actividades terroristas junto a infraestructuras como hospitales y escuelas, y en ocasiones incluso en su interior.

Además, en los últimos años, los conceptos de represalias admisibles y de proporcionalidad han ido evolucionando, de forma que la mayor parte de los teóricos entienden como represalia proporcional aquella que está destinada a destruir la capacidad del agresor de volver a infringir el daño causado previamente.

Por último, es interesante señalar que el derecho a la legítima defensa incluye también otras acciones, no militares, que el derecho internacional ampara como respuesta a las agresiones. Dentro de este apartado, denominado retorsión, se encuadraría perfectamente el embargo que Israel ejerce sobre determinados bienes en la Franja con el fin de evitar que sean usados para infringirle daño.

Vivir bajo el fuego de Hamás

Por último, es imposible tener una imagen completa del conflicto de este conflicto sin hablar de las condiciones de vida en las que la amenaza terrorista obliga a vivir a cientos de miles de israelíes.

Cuando suenan las alarmas antiaéreas por el lanzamiento de un cohete desde Gaza el tiempo que tienen los habitantes de las ciudades más cercanas a la Franja para ponerse a cubierto son quince segundos. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel realizó una serie de escalofriantes vídeos en los que ponía de manifiesto que supone tener sólo un cuarto de minuto para ponerte a salvo de lo que puede ser una amenaza vital.

Cada vez que hay un ataque la vida se interrumpe en amplias zonas del país. Si los lanzamientos se prolongan durante varios días las oficinas y las fábricas se cierran, los niños no pueden ir a su colegio, las labores agrícolas quedan desatendidas y el suministro de productos básicos puede llegar a complicarse.

Además, la vida se desarrolla entre extraordinarias medidas de seguridad pasiva: las paradas de autobús tienen una cubierta de hormigón armado en lugar de cristales; las guarderías cuentan con refugios o techos reforzados; los sótanos se acondicionan para poder pasar en ellos largos periodos de tiempo…

Y sin olvidar el principal elemento de esa defensa pasiva: la Cúpula de Hierro (Iron Dome, por su nombre en inglés), un más que sofisticado sistema antimisiles que logra hacer estallar buena parte, pero no todos los cohetes que se lanzan desde Gaza.

Obviamente, todo esto supone un gasto brutal para Israel, que es muy difícil de cifrar en conjunto pero del que puede darnos una idea un dato: los expertos calculan que cada uno de los misiles interceptores de la Cúpula de Hierro tiene un coste de cerca de 90.000 euros.

Evidentemente, toda esta situación provoca no sólo los muertos y heridos que causan las bombas, sino una serie de afecciones debidas a los altos niveles de estrés y el trauma psicológico. Diversos estudios, por ejemplo, han señalado que en ciudades de la región más de la mitad de los niños sufren trastorno por estrés postraumático, también son más altos de lo normal los índices de depresión e incluso hay cifras inusualmente elevadas de abortos naturales.

 

Conclusiones

Como hemos visto Israel sufre una agresión constante e intolerable, que afecta de diversas formas a un porcentaje importante de su población. La agresión no es fruto de una situación de ocupación ni de una crisis humanitaria que no existe tal y como entendemos ese término, sino del fanatismo de una serie de organizaciones como Hamás que viven del odio antisemita. El derecho internacional avala la respuesta militar israelí, que es proporcional a la agresión sufrida y que siempre busca minimizar el número de bajas civiles, incluso a costa de poner en riesgo las vidas de sus propios militares.