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Los niños soldados palestinos de los que nadie habla

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Desde hace un mes, medios de comunicación centrados en el ámbito de Oriente Medio y las ONGs, has puesto su foco en el caso de Ahed Tamimi, una adolescente palestina enviada por su propia familia a enfrentarse a soldados israelíes. Los videos resultantes de esa deliberada provocación se distribuyen como “resistencia heróica”, acorde a la versión palestina, manipulando con el objeto dedemonizar a Israel. En un intento de contrarrestar esa versión de “Pallywood”, la policía siraelí arrestó a la adolescente Tamimi, quien ahora enfrenta cargos por asalto y posible apología de actos terroristas suicidas.

Tamimi es, literalmente, el afiche pop en esta guerra de propaganda, centrada en que las familias palestinas envien de forma rutinaria a sus hijos a lanzar piedras a automóviles israelíes, confrontar y burlarse de los soldados, colaborar en contrabando de teléfonos a los terroristas recluidos en prisiones, y en algunos casos, ser usados como “mulas” portando explosivos en los controles de seguridad, explosivos que van destinados a la comisión de atentados.

Sin embargo, estos hechos son ignorados por los grupos BDS. Para ellos es preferible acusar falsamente a Israel que denunciar la utilización de niños como soldados.

Este caso de gran impacto informativo es una de los puntos clave en el desarrollo de una narrativa de victimización palestina, centrada en el presunto y generalizado maltrato de niños por parte de Israel. Como es el caso, las víctimas infantiles israelíes no son ni mentadas por los medios, mientras imágenes como las de Tamimi son criticadas por muchos periodistas y políticos sin la debida diligencia ni interés en conocer la realidad. La idea de que los palestinos, y el conocido clan de Tamimi en particular (que incluye a Ahlam Tamimi, que perpetró el horrendo atentado Sbarro en 2002, en el que murieron 15 civiles, entre ellos 7 niños y una mujer embarazada, mientras que 130 resultaron heridos), explotan a sus hijos para esta guerra política es impensable para determinada opinión pública absolutamente militante.

Esta campaña se comercializa bajo el lema pegadizo de “No es manera de tratar a un niño”, dirigida a los gobiernos occidentales, a quienes exige “presionar al gobierno israelí para que ponga fin a la detención y el maltrato de niños palestinos”. La campaña está dirigida por Defensa Internacional de los Niños – Palestina (DCIP, su acrónimo en inglés). En noviembre, DNIP realizó un evento en el Congreso estadounidense, y la representante demócrata Betty McCollum utilizó el mismo lenguaje que la ONG en la propuesta legislativa que elevó a la Cámara: “evitar que impuestos de los norteamericanos apoyen a la detención y el maltrato de los niños palestinos por parte de los militares israelíes.”

Si bien estas actividades no han logrado atraer mucha atención ni apoyos políticos, si está recibiendo una gran cantidad de dinero y otros recursos. Las imágenes de la “pobre Ahed Tamimi” en una corte israelí ahora se están utilizando para amplificar el efecto mediático de la campaña.

Por lo general se pasa por alto, incluso por los israelíes que sostienen que la familia Tamimi debe rendir cuentas, que la ONG Defensa Internacional de los Niños – Palestina (DCIP) ha sido denunciada por sus vínculos con la organización terrorista Frente Popular por la Liberación de Palestina (FPLP). Entre los miembros de la junta directiva de DCIP se encuentran Shawan Jabarin (descrito por el Tribunal Supremo israelí como una suerte de “Doctor Jekyll y Mister Hyde”), Nassar Ibrahim, o el Dr. Majed Nassar. Todos ellos han reconocido su vinculación con el FPLP, e incluso Hashem Abu Maria, un empleado de DCIP, fue aclamado por el FPLP como un “comandante” después de su muerte 2014. El FPLP está calificado como banda terrorista en los Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea e Israel.

Aún más inquietante es el papel de UNICEF, cuya misión debe ser ayudar a los niños de todo el mundo. En 2013, UNICEF lanzó un informe copiando y pegando, literalmente, una serie de afirmaciones  falsas, no verificables, realizadas por ONGs como DCIP, basándose en “declaraciones juradas” que los funcionarios de UNICEF no pudieron entender ni verificar. Aún así, le pusieron un sello de Naciones Unidas a un informe falso, otorgándole una legitimidad significativa que no le correspondía.

En 2015, después de que funcionarios israelíes expusieran los errores sistemáticos contenidos en el informe, así como la demostración de cómo Israel se ajusta a las normas internacionales en el trato de menores involucrados en actividades ilegales, la oficina de Unicef en Jerusalén reconoció a instancias israelíes la falsedad de su documento. Pero en público, donde se libra la guerra de propaganda, UNICEF y ONGs allegadas siguen citando el documento original, sin rectificar.

A DCIP y UNICEF se le han unido a esta cínica campaña organizaciones como Amnistía Internacional, American Friends Service Committee, la autodenominada “Voz Judía por la Paz”, o el “Programa Ecuménico de Acompañamiento en Palestina e Israel” (EAPPI en su acrónimo inglés), financiado por el Consejo Mundial de Iglesias, notoriamente antiisraelí. La actividad esencial de este programa es llevar activistas a Israel durante tres meses a “presenciar el sufrimiento de los niños palestinos”.

UNICEF no sólo agrega su marca a la guerra de progaganda que explota a los niños y contribuye a divulgar falsas acusaciones contra Israel, sino que financia a organizaciones cuanto menos opacas, como DCIP y EAPPI. Su objetivo común es obtener que el Secretario General de Naciones Unidas incluya a las Fuerzas de Defensa israelí en el grupo de “señores de la guerra” y estados fallidos (que incluye, entre otros, a ISIS y Boko Haram), concretamente en el grupo de “Niños y conflictos armados”.

Aunque los funcionarios de la UNICEF afirman que son ajenos a este empeño, ellos mismos son quienes seleccionan a las ONGs en su “lucha contra el cínico maltrato infantil”, colaborado en la elaboración de una propaganda basada en la mentira  y el descrédito.

Tanto los responsables de  UNICEF como sus donantes (principalmente Estados Unidos, Europa, Canadá y Japón), debe ser presionados para revisar la financiación y poner fin a esta complicidad. Los individuos y las fundaciones que dan generosamente su dinero a UNIFEF bajo la ilusión de que, a diferencia de otras organizaciones dependientes de la ONU, ésta realmente actúa éticamente, deberían reconsiderar sus aportaciones.

Si los responsables de UNICEF realmente estuviesen preocupados tanto por la protección de niños como Tamimi como los niños israelíes asesinados por un terrorismo que no cesa, deberían mantenerse alejados de tal explotación por parte de los palestinos a sus pequeños.

Gerald Steinberg, fundador de NGO Monitor

Original publicado en Forward