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Por qué Israel no debería reconocer un estado independiente en Cataluña

Reproducimos versión traducida del hebreo del artículo conjunto firmado por David Hatchwell Altaras, ex Presidente de la Comunidad Judía de Madrid, y Ángel Mas Murcia, Presidente de ACOM – Acción y Comunicación sobre Oriente Medio, y publicado en Israel Hayom en su edición de fin de semana, el periódico con mayor tirada en Israel.

Sí, es cierto que ni Europa en general ni España en particular han sido en los últimos años los aliados más fieles del Estado Judío; es cierto que Israel ha tenido y tiene que enfrentarse a sus enemigos prácticamente en solitario en muchas ocasiones, aún a pesar de que estos enemigos son en el fondo los mismos que aterrorizan a los países del otro lado del Mediterráneo.

Es verdad también que si España reconoce el estado palestino esta actuación unilateral sólo puede ser vista como una falta total de lealtad a un país que, como Israel, se ha comportado siempre como un fiel aliado. También sería un nuevo obstáculo en el camino hacia una paz duradera que permita tanto a palestinos como israelíes convivir en buena vecindad.

Sin embargo, aún a pesar de que todo lo que hemos dicho es cierto, si el Izquierdista gobierno español tomara la frívola y equivocada decisión de reconocer unilateralmente a un estado palestino que no existe, Israel no debería devolver error por error haciendo gestos hacia el independentismo catalán, y mucho menos tomando una decisión tan irreflexiva como sería reconocer la independencia de Cataluña. Y no debería hacerlo sobre todo por una razón: sería algo en contra de los intereses legítimos de Israel. Por varias razones:

La primera es que el separatismo en Cataluña no es lo que algunas voces interesadas pretenden: lejos de ser un movimiento político amigo de Israel, como lo fue hasta hace un tiempo el regionalismo catalán no rupturista dentro de la democracia española, cuando el catalanismo moderado viró hacia el extremismo independentista hace unos años, cayó en manos de su segmento de extrema izquierda fanatizada, violentamente antisemita y partidaria del BDS, tal y como demuestra el hecho de que numerosos ayuntamientos en la región donde gobierna hayan aprobado mociones para adherirse a este boicot a Israel y a los judíos pro Israel. O que la propia capital de Cataluña, Barcelona, lo haya hecho también, mientras invitaba formalmente a terroristas como Laila Khaled.

De hecho, frente al antisionismo presente en la mayor parte de los partidos nacionalistas de Cataluña, la defensa de Israel en la región y en toda España queda en manos de partidos unionistas que se oponen, tanto al reconocimiento palestino, como a la independencia catalana.

También cabe recordar que la independencia no es un movimiento apoyado por la mayoría (aunque su versión local de Pallywood y fake news se encargue de propagarlo). Las elecciones regionales las ganó un partido no nacionalista. Y Cataluña goza de un altísimo nivel de autonomía política dentro de España, con su propia lengua, parlamento, policía y elecciones regionales. El independentismo busca la ruptura tumultuosa y fuera de la ley.

Otro asunto a considerar es que la región catalana tiene un problema muy serio con el terrorismo yihadista. Al no querer inmigrantes latinoamericanos por tener afinidad con España por el idioma, los gobiernos nacionalistas de Cataluña favorecieron a inmigrantes musulmanes, particularmente pakistaníes, siendo hoy con diferencia la comunidad autónoma española con mayor porcentaje de población islámica.

Abundan las mezquitas radicales y la penetración salafista está avanzando firmemente. De ser un estado independiente, tras un proceso pseudorevolucionario, fuera de la Unión Europea, con unas instituciones débiles y una policía y servicios de inteligencia aislados y sin experiencia, no cabe duda de que se convertiría en un exportador del terrorismo islamista con capacidad para desestabilizar buena parte del Mediterráneo, lo que no parece estar en el interés de Israel.

No sería el único problema europeo que desataría una Cataluña independiente: muchos estados del continente sufren en mayor o menor medida problemas de nacionalismo en alguna de sus regiones -Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Polonia o Rumanía entre ellos- y que una región de un estado de la Unión Europea culminase un proceso separatista con éxito podría suponer el principio de una ola de inestabilidad de imprevisibles consecuencias. Quizá en unos años la Europa que conocemos sería sustituida por una constelación de estados fallidos en la mayor parte de los casos en manos de partidos populistas y extremistas que tienen en el odio a Israel uno de sus principales puntos ideológicos en común.

La mayor parte de los gobiernos europeos son conscientes de este problema y esto nos lleva a otra consecuencia no deseada para Israel en caso de que reconociese la independencia de Cataluña: un conflicto diplomático, no ya con España, sino con los principales países de la UE y con la Unión en conjunto.

Pero los más perjudicados por esta decisión serían, seguramente, los 45.000 judíos españoles que hoy en día viven sus vidas perfectamente integrados en una sociedad que, más allá de las campañas de unos pocos fanáticos, les acepta y les respeta y en la que pueden vivir sus vidas con el más amplio grado de libertad, garantizada por su democracia constitucional y sus tribunales de justicia.

Se trata de una comunidad cuyos miembros, la mayoría de origen sefardí, se sienten españoles y al mismo tiempo profundamente sionistas e identificados con Israel. Una comunidad que en los últimos años ha asistido complacida al esfuerzo de la España democrática, que en varios campos -cultural, social y político- trata de recuperar su pasado judío y reconciliarse con él, por ejemplo con la ley del derecho a la nacionalidad para judíos descendientes de los sefardíes expulsados en 1492.

Para los judíos españoles, como para los que viven en cualquier otro lugar del mundo, es muy importante que su amor y fidelidad por el país en el que han nacido o residen no sea incompatible con los mismos sentimientos que sienten por Israel. También es importante que, como sucede con los judíos americanos, canadienses o británicos, el resto de sus compatriotas no perciban su lealtad hacia el Estado de Israel como una amenaza a la lealtad con la instituciones del estado español. Tampoco en Israel gusta que algunas minorías no demuestren fidelidad al Estado en el que viven. Una decisión de Israel, con razón o sin ella, fundamentalmente hostil a la unidad de España haría la vida muy complicada a los muy sionistas judíos españoles

Por último, Israel debería mantener la coherencia con su propia Ley Básica del Estado Nación Judío que la Knesset aprobó recientemente y que dice que “el derecho a ejercitar el derecho a la autodeterminación en el Estado de Israel es exclusivo del pueblo judío”. Ninguna minoría puede romper el Estado. Las Constitución española dice que “está fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles” y que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”. Los españoles rechazan que parte de los ciudadanos de una región decidan separarse unilateralmente, como israelíes rechazarían que un consejo regional organizara un referéndum ilegal para separarse de Israel y que, quizá gracias al alto porcentaje de voto árabe, esa independencia fuera aprobada, y mucho menos reconocida internacionalmente.

 

David Hatchwell Altaras, ex Presidente de la Comunidad Judía de Madrid

Ángel Mas Murcia, Presidente de ACOM

Original publicado en Israel Hayom, principal periódico israelí.