Declaración de ACOM sobre el anuncio de Pedro Sánchez del reconocimiento de un “estado palestino”

El reconocimiento de un estado palestino que no existe, la creación por su sola voluntad de una ficción, una realidad paralela, es la última estratagema de Pedro Sánchez para confundir a la opinión pública y distraerla de los galopantes problemas de corrupción de su gobierno.

Que esto se lleve por delante la reputación de España, que tenga implicaciones duraderas para nuestro papel en el concierto de las democracias occidentales, que nos separe de la postura mayoritaria de los principales países de la UE, no le importa nada a un presidente populista con tics bananeros.

Que premie, evidentemente, a terroristas que cometieron una masacre innombrable (y no quieren su estado, sino la destrucción del único estado judío), que apele al simplismo adolescente como solución a un complicado conflicto con ramificaciones geoestratégicas, y que lo haya hecho justo cuando Israel, nuestro aliado occidental en la región, lucha una guerra defensiva de supervivencia contra ataques de terroristas y de Irán, nos da una dimensión de la calidad moral del personaje.

Sánchez ha anunciado este reconocimiento contra la voluntad expresa y abrumadoramente mayoritaria del parlamento de la nación que hace diez años, la última vez que fue consultado al respecto, votó por que ese reconocimiento, si se producía alguna vez, debía basarse en la negociación directa entre las partes, en el contexto de un proceso patrocinado por la comunidad internacional, y garantizando la seguridad Israel. Algo imposible a día de hoy.

La opinión pública española debe identificar en esta última iniciativa de este aventurero pirómano de la política un capítulo más de su huida hacia adelante. Una deriva que no se para ante nada y arrastra la reputación de España y su papel en el mundo con él.

La historia debe recordar el contexto en que esta barbaridad se ha producido, y la oposición debe dejar claro que en cuanto llegue al poder revertirá una decisión sobre un falso estado que no tiene un único gobierno electo ni legítimo, no cuenta con fronteras reconocidas, ni con instituciones de ningún tipo que puedan garantizar que no se convierta en otro estado fallido en manos de yihadistas sanguinarios. Un estado que nacería con 130 rehenes secuestrados en sus manos. Un estado junto al que ningún español con su familia querrían vivir.