Documentar a los que hacen posible los crímenes de guerra de Hamás: agencias de la ONU, programas estatales de ayuda y ONG

Por Gerald M. Steinberg

BESA Center Perspectives Paper Nº 2.257, 21 de enero de 2024

«Todo el mundo en Gaza, incluido el personal de la ONU, está al tanto del doble uso de estas instalaciones».

– Periodista Jan Franke

RESUMEN EJECUTIVO: Las agencias de la ONU, los programas de ayuda estatales y las ONG han coadyuvado en forma constante y deliberada a que Hamás logre construir su enorme infraestructura terrorista en la Franja de Gaza. Desviaron ayuda monetaria hacia Hamás para financiar sus actividades terroristas, proporcionaron propaganda y desinformación a Hamás en sus esfuerzos por manchar y desacreditar a Israel, y adoctrinaron a los escolares gazatíes en el odio a los judíos. Para evitar que se repita este abandono de toda responsabilidad y rendición de cuentas, es de suma importancia documentar sistemáticamente el papel desempeñado por los funcionarios de la ONU y de los gobiernos, así como por las ONG que operan en el ámbito de la ayuda humanitaria internacional, al allanarle el camino a Hamás y brindarle su cooperación, ya sea tácita o activa.

La documentación detallada de la brutal matanza de Hamás del 7 de octubre de 2023, que incluyó violaciones, torturas y otros crímenes atroces, es esencial en aras de preservar el registro histórico, especialmente en una época dominada por la propaganda y la desinformación en las redes sociales. La labor de documentación ha comenzado por parte de instancias israelíes, tanto gubernamentales como privadas, y también por iniciativa de periodistas, entre ellos en The New York Times. Además, la Fundación Shoah de Steven Spielberg está llevando a cabo un proyecto destinado a documentar la «indecible brutalidad«.

Paralelamente, se estudia la creación de un tribunal especial en el marco del sistema judicial israelí para juzgar a los autores, especialmente a los dirigentes de Hamás que se rindan o sean capturados vivos. Como en los juicios a los criminales de guerra nazis, incluido Adolf Eichmann, los testimonios de los supervivientes informarán a las generaciones futuras frente a las campañas que pretenden borrar y negar las atrocidades.

También es necesario inaugurar una tercera vía, con el objeto de documentar sistemáticamente la complicidad de los facilitadores y aliados de Hamás. En esta categoría se incluyen numerosas agencias y funcionarios de la ONU que operan en Gaza, organizaciones gubernamentales de ayuda y diplomáticos, y organizaciones no gubernamentales (ONG) que afirman promover los derechos humanos y la ayuda humanitaria. Las pruebas de su implicación y comportamiento -específicamente con respecto al robo a gran escala («desvío») de ayuda para la construcción de la enorme infraestructura terrorista subterránea en Gaza y las decenas de miles de cohetes letales- están a la vista en numerosas fotografías y vídeos de las FDI. Es necesario consolidar y organizar esta información y los demás datos disponibles y ponerlos a disposición del público en general en diferentes formas.

La recopilación de pruebas verificables también es esencial para planificar «el día después» de la guerra en Gaza, independientemente de los acuerdos políticos que finalmente se apliquen. Tras un examen minucioso de las actividades de las organizaciones que operan en el ámbito de la ayuda humanitaria internacional, pueden formularse políticas para evitar que se repita este comportamiento.

Muchas de las agencias y organizaciones que componen la multimillonaria industria de la ayuda a Gaza están en actividad al menos desde junio de 2007. En ese momento, Hamás derrocó violentamente a la Autoridad Palestina, que había asumido el control cuando el gobierno israelí puso fin unilateralmente a su presencia en Gaza en 2005. Estas agencias y organizaciones permitieron a Hamás dedicar todos los recursos disponibles a la construcción de la red terrorista subterránea cuando el abastecimiento de alimentos, agua y servicios esenciales para la población general en la superficie dependía de los proveedores de ayuda. Como se jactó en octubre el funcionario de Hamás Musa Abu Marzuk: «Construimos los túneles para protegernos de los aviones… Los refugiados, la ONU se encarga de protegerlos».

A lo largo de los 17 años transcurridos desde la toma del poder por Hamás, se han publicado numerosos informes y vídeos que ilustran el crecimiento de las capacidades terroristas dentro de Gaza. Los frecuentes enfrentamientos con las FDI sacaron a la luz información adicional sobre la red terrorista y los centros de mando situados debajo y dentro de edificios de uso civil, como hospitales, mezquitas, escuelas y residencias. En el transcurso de la operación que comenzó tras el ataque del 7 de octubre, las FDI y los periodistas han ampliado esta información, publicando numerosas fotografías y vídeos que muestran los vínculos entre las operaciones de ayuda y las instalaciones de Hamás.

La UNRWA es el organismo de ayuda más importante en Gaza. Suma 30.000 empleados, en su mayoría palestinos, así como unos 200 integrantes de su staff internacional que residen en Gaza o realizan visitas periódicas. Resulta difícil creer que los responsables de este organismo desconocían las actividades que Hamás desarrollaba justo debajo de sus instalaciones y residencias y en las inmediaciones. De hecho, las pruebas indican que los funcionarios internacionales de la UNRWA mantuvieron un código de silencio y cooperación con Hamás y los grupos terroristas asociados, incluida la promoción de su propaganda y la incitación y el adiestramiento de niños para el terror. Muchos profesores de la UNRWA han participado en plataformas de redes sociales antisemitas, como han documentado reiteradamente UN Watch y otros organismos de control. (Sobre la corrupción de la UNRWA, véase «El jefe de ayuda de la ONU renuncia en medio de una investigación sobre el programa para refugiados palestinos«). En mayo de 2021, tras el conflicto de 11 días, el máximo responsable internacional de la UNRWA en Gaza se vio obligado a dimitir tras reconocer que los ataques antiterroristas de las FDI habían sido «precisos» y «sofisticados». La suposición lógica, que se deberá examinar en este proceso de documentación y evaluación, es que otros funcionarios de la UNRWA habrían tenido información similar.

Además de la UNRWA, operan en Gaza al menos otras 12 agencias de la ONU, entre ellas la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCAH), el Programa Mundial de Alimentos y la Organización Mundial de la Salud. Un examen preliminar de la historia indica que los funcionarios y empleados de estas organizaciones también adoptaron una política de silencio y, en algunos casos, cooperaron directamente con Hamás.

Del mismo modo, UNICEF mantuvo una cooperación directa y abierta con ONG vinculadas al terrorismo, como Defensa de los Niños en Palestina (DCIP). UNICEF también prestó servicios médicos durante los violentos enfrentamientos organizados por Hamás a lo largo de la frontera con Israel, engañosamente presentados como la «Gran Marcha del Retorno» (2018-2019), que sirvieron de ensayo para la masacre del 7 de octubre. Además, el desprecio de UNICEF por los niños israelíes víctimas de ataques con misiles desde Gaza, incluidos los que fueron asesinados, es parte importante del expediente.

Las mismas cuestiones y problemas se aplican a la documentación de las actividades de facilitación del terrorismo por parte de diplomáticos y funcionarios de organizaciones gubernamentales de ayuda. La UE es el principal apoyo financiero y el mayor donante de ayuda a los palestinos y, por tanto, es probable que haya sido una fuente importante de materiales desviados hacia el terrorismo. En este sentido, cabe señalar que el Jefe de Delegación (embajador) de la Unión Europea en Cisjordania y Gaza, Sven Kuhn von Burgsdorff (2019-2023), se reunió con funcionarios de ONG vinculadas a organizaciones terroristas (véase más abajo) y, en febrero de 2022, participó en un taller financiado por la UE «centrado en las estrategias y mecanismos necesarios para combatir las políticas, normativas y políticas antiterroristas (sic).» En julio de 2023, von Burgsdorff introdujo de contrabando un parapente en Gaza y realizó una demostración de su uso, declarando: «Una vez que tengas una Palestina libre, una Gaza libre, podrás hacer exactamente lo mismo.» Tres meses después, en el atentado de Hamás, los terroristas utilizaron parapentes.

La tercera categoría se refiere a dirigentes y empleados de ONG que operaban en Gaza. NGO Monitor ha elaborado una lista, basada en la información financiera de la ONU, de 70 ONG que estuvieron en actividad en los últimos años, y es probable que el total sea aún mayor. Entre las más importantes, por presupuesto y grado de implicación, se encuentran el Consejo Noruego para los Refugiados (NRC), CARE International, Catholic Relief Services, Médicos Sin Fronteras e Islamic Relief. Muchos de los principales países donantes, incluido Estados Unidos, mantienen una lista de «socios de confianza» cuyas actividades y personal están exentos de una supervisión y revisión minuciosa.

Como se ha documentado detalladamente en otras zonas de conflicto y áreas controladas por grupos terroristas, los responsables de las ONG autodefinidas como de ayuda humanitaria adoptan a menudo políticas de silencio y cooperación, incluido el desvío de la ayuda, y justifican sus acciones alegando que asistir a la población es el imperativo más importante.1 El responsable del NRC, Jan Egeland, entre otros, se opone activa y sistemáticamente a los requisitos de supervisión antiterrorista en las subvenciones de ayuda de los gobiernos. En diciembre de 2020, intervino en una conferencia del Ministerio francés de Europa y Asuntos Exteriores, en la que exigió «exenciones de las leyes antiterroristas y de los regímenes de sanciones… Necesitamos exenciones humanitarias generales… Necesitamos que aboguen porque no se controle a los beneficiarios finales de la asistencia humanitaria». Por las pruebas disponibles, esta política irresponsable caracteriza las actividades del NRC en Gaza, así como las de otras organizaciones de ayuda.

El resultado de esa ceguera voluntaria ante el terror, tanto en general como específicamente en Gaza, quedó documentado en el caso de World Vision (WV). En 2016, el jefe de operaciones de VM en Gaza fue detenido y acusado de desviar aproximadamente USD 50 millones hacia Hamás durante diez años, utilizando proyectos humanitarios y asociaciones agrícolas ficticios para desviar dinero y materiales. Fue condenado en 2022. El veredicto del tribunal incluyó duras críticas a los responsables de VM en Australia (que proporcionó la mayor parte de los fondos), quienes, observó el juez, «están aparentemente atrapados en una noción preconcebida que no concuerda con las circunstancias de la región…» Gaza, continuó, está «controlada por un régimen cruel, constituido por una organización terrorista que prácticamente posee un Estado, cuyos recursos -incluidos los económicos- son, entre otras cosas, aprovechados mediante engaños, amenazas y la fuerza para actividades terroristas, incluidos los recursos de organismos como World Vision…»

Médicos Sin Fronteras (MSF) es otro importante análisis de caso que apunta a una cooperación silenciosa con Hamás. MSF ha tenido una importante presencia en Gaza durante muchos años. Sin embargo, durante todo ese lapso, y especialmente a lo largo del conflicto actual, los responsables de MSF han guardado silencio o han negado tener conocimiento alguno de actividades terroristas, al tiempo que condenaban a las FDI por las operaciones militares realizadas cerca y dentro de los hospitales. En unos pocos casos, médicos individuales (no afiliados a MSF) rompieron el código de silencio y admitieron que el acceso a las plantas inferiores del Hospital Shifa estaba prohibido. Un alto funcionario de ayuda estadounidense reconoció que esta información era bien conocida, y un periodista holandés publicó: «He estado en el Hospital Al Shifa varias veces como reportero durante la guerra entre Israel y Gaza en 2014 y también después. Es un complejo enorme. He visto personalmente a combatientes de Hamás allí. Todo el mundo en Gaza, incluido el personal de la ONU, está al tanto del doble uso de estas instalaciones.» El mismo periodista publicó fotografías tomadas en secreto de «combatientes de Hamás uniformados (de azul) sentados cautelosamente junto a la entrada a la que llegan las ambulancias».

Durante los años de control de Hamás, muchas de estas organizaciones también han proporcionado a Hamás apoyo político y propagandístico, condenando sistemáticamente las acciones antiterroristas israelíes y haciendo caso omiso de los ataques con cohetes de Hamás (cada uno de ellos un crimen de guerra) que desencadenaban las respuestas israelíes. Del mismo modo, ignoraron los ataques salvajes  de Hamás del 7 de octubre que precipitaron la guerra actual. La red social Los mensajes en las redes sociales y los comunicados de prensa de NRC y MSF repiten las acusaciones de «castigo colectivo» y «crímenes de guerra» y desestiman la violencia de Hamás como el accionar de unos pocos «extremistas».

Hay poderosas ONG que declaran promover los derechos humanos y tienen un largo historial de demonización sistemática de Israel y de calificar todos los esfuerzos antiterroristas como «crímenes de guerra» y violaciones del derecho internacional humanitario. Human Rights Watch y Amnistía Internacional han encabezado estas campañas, que comenzaron hace más de 20 años (la mentira de la masacre de Yenín de 2002) y han continuado durante toda la época en que Hamás tuvo el control de Gaza. Su demonización de Israel abarca numerosos «informes», condenas y campañas mediáticas basadas en acusaciones falsas o inverificables, como las de «apartheid» y «genocidio». Es importante documentar el papel que las ONG que dicen promover los derechos humanos han desempeñado en cuanto a hacer posible los crímenes de guerra de Hamás desde 2007, y en la demonización sistemática de Israel que contribuyó a la actual avalancha de ataques antisemitas.

Desde los primeros días de la guerra, las agencias de la ONU, los grupos de ayuda gubernamentales y las ONG han utilizado su acceso a las redes sociales y los medios, así como su imagen de neutralidad, para llevar a cabo una intensa campaña a favor de un alto el fuego inmediato e incondicional, que dejaría a Hamás intacto y con el control de Gaza. En la mayoría de los casos, o bien se hacía una mención simbólica de los rehenes israelíes que seguían cautivos, o no se les mencionaba en absoluto.

Hacia adelante: La transición de una dependencia de la ayuda a un desarrollo económico

Más allá del desvío masivo de ayuda hacia el terror, la ausencia de una rendición de cuentas y la promoción política de Hamás, la situación de dependencia de los palestinos y su carácter de “refugiados» a lo largo de 75 años son responsables en gran medida de haber perpetuado el conflicto. Como documentan Yishai Schwartz y Einat Wilf (The War of Return: How Western Indulgence of the Palestinian Dream Has Obstructed the Path to Peace), la industria de la ayuda es esencial para reforzar entre los palestinos la noción de que Israel es un ente provisorio y su existencia puede revertirse. La UNRWA y ONG poderosas como el NRC tienen un interés directo en esta inversión destructiva y hacen todo lo posible por fortalecerla.

Es fundamental que Gaza empiece a transitar de una dependencia de la ayuda hacia un desarrollo económico, y hacerlo rápidamente. No debe permitirse que continúe la división del trabajo imperante hasta ahora (ayuda y servicios civiles en la superficie, Hamás y el terror en el subsuelo).

Para ello se deberá contar con diferentes actores internacionales, que puedan desarrollar la industria productiva y el empleo y que puedan dirigir la construcción y explotación de los servicios civiles de transporte y comunicaciones. Seguirá siendo necesaria una financiación a gran escala, sobre todo por parte de los gobiernos, pero deberá ser administrada por organizaciones distintas. A diferencia de la industria de la ayuda, esta financiación deberá ir acompañada de un control cuidadoso, supervisión continua, transparencia y rendición de cuentas.

Versión original en inglés: https://besacenter.org/documenting-the-enablers-of-hamas-war-crimes-un-agencies-government-aid-programs-and-ngos/

El profesor Gerald Steinberg es catedrático de Estudios Políticos en la Universidad Bar Ilan, donde fundó el Programa de Gestión de Conflictos y Negociación. Sus intereses de investigación incluyen las relaciones internacionales, la diplomacia y la seguridad en Oriente Medio, la política de los derechos humanos y las organizaciones no gubernamentales (ONG), la política israelí y el control de armamentos. Es miembro del Consejo de Asuntos Exteriores de Israel; del Comité de Política Pública del Consejo de Educación Superior de Israel; del grupo de investigaciones del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales (NUPI); y de la Coalición Interparlamentaria para la Lucha contra el Antisemitismo (ICCA).