El antisemitismo de Pablo Iglesias

La revista ‘ctxt’ está haciendo méritos para convertirse en punta de lanza del antisemitismo periodístico en España. Empeño difícil dada la tónica del sector: sesgo antiisraelí, desinformación sistemática y aceptación acrítica de las versiones y cifras de la guerra proporcionadas por la organización terrorista Hamás, combinada con la más extrema desconfianza hacia los datos aportados por el Estado democrático de Israel. El pasado 4 de diciembre, Nuria Alabao negaba o dudaba seriamente en ‘ctxt’ de algo perfectamente acreditado: las violaciones de mujeres judías por los terroristas de Hamás, muchas de ellas perpetradas en manada y seguidas de asesinato. Su vomitiva pieza llevaba por título ‘La violación como propaganda de guerra en Israel’, y constituía un imposible intento de lavar la suciedad más repugnante pasando un trapo de mentiras sobre una montaña de mierda. Esta vez, el dudoso honor le ha correspondido a Pablo Iglesias. Sí, ese Pablo Iglesias, el exvicepresidente del Gobierno, el tipo que tildó a Israel de “Estado criminal”, el que cobraba de Irán como colaborador de una televisión pública propiedad del país de los ayatolás. Ese Pablo Iglesias.

Desde el mismísimo título, ‘Eichmann en Gaza’, Iglesias se retrata en una de las más clásicas modalidades del antisemitismo, perfectamente definida y recogida por la IHRA: la equiparación de lo que los judíos o Israel puedan hacer con lo que hicieron los nazis. Obviamente, el título quiere evocar la célebre obra de Hannah Arendt  ‘Eichmann en Jerusalén’, basada en los reportajes publicados en ‘The New Yorker’ cuando la gran teórica del totalitarismo cubría el juicio del jerarca nazi. No falta en el artículo de Iglesias la acusación de genocidio contra Israel. De nuevo la inversión de la culpa, modalidad particularmente abyecta del antisemitismo. Consiste en acusar de genocidio al pueblo que sufrió el genocidio que marcará para siempre a Europa y que mancha la historia contemporánea: el Holocausto. Algo que no existió para Iglesias, o que fue, textualmente, “un mero problema burocrático”, según afirmó hace algunos años. También entonces se valía de una lectura torcida —quizá una referencia de oídas— de la obra de Arendt; en concreto, de su concepto de “banalidad del mal”, que de hecho aparece en el título original de la obra: ‘Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal’. Refiriéndose a la guerra Israel-Hamás, Iglesias acusa a Israel de “bombardeos sobre la infancia”. Respecto a los menores asesinados por el agresor, Hamás, se limita a reseñar que “lo de los niños israelíes decapitados era un bulo, fabricado para horrorizar a la opinión pública mundial”. Y ya. Quien lea las perversas piezas de ‘ctxt’ llegará a la conclusión de que los terroristas de Hamás no violaron a ninguna mujer ni mataron a ningún bebé. Pero el caso es que sí, que Hamás (a quien Iglesias se refiere como “el pueblo palestino”) es la organización terrorista que agredió a un Estado democrático, que llevó a cabo un pogromo el pasado 7 de octubre de dimensiones desconocidas desde el Holocausto. El caso es que los agresores buscaron y obtuvieron el mayor daño posible sobre la población civil, que violaron y asesinaron a mujeres por ser judías y que siguieron violando a las civiles secuestradas—se ponga como se ponga Nuria Alabao, miembro del consejo editorial de ‘ctxt’ y antropóloga especialista ¡en feminismo!—, y que asesinaron a bebés por ser judíos, se ponga como se ponga Pablo Iglesias. Nada similar a tales hechos es achacable a la respuesta del agredido en uso de su derecho de defensa. La respuesta israelí busca minimizar las víctimas civiles en las acciones de su ejército: su objetivo no es la venganza sino la prevención, y eso exige eliminar a Hamás, que no es el pueblo palestino sino su yugo. Los civiles de Gaza que mueren en los ataques israelíes caen víctimas de unas autoridades terroristas que los utilizan desde siempre como escudos humanos. Por eso se han encontrado túneles de Hamás, cuya única finalidad es agredir a Israel, bajo todas las escuelas de la UNRWA; por eso los terroristas atacan e instalan sus centros de mando en hospitales y zonas residenciales. Ninguno de estos hechos existe para Pablo Iglesias, pues no estamos ante un analista sino ante un agente antisemita