El PP yerra en su propuesta sobre el reconocimiento de un estado palestino

Aunque Sánchez queda expuesto en el contexto aportado sobre su posicionamiento a favor de Hamás, en la reciente moción del PP en el Congreso sobre el deterioro de la política exterior española, la formación de Núñez Feijóo vuelve a aceptar un marco de referencia impuesto por la izquierda que es tan inmoral como falso.

En la recientemente presentada moción por el Partido Popular el 25 de abril a la Mesa del Congreso de los Diputados (“Moción, consecuencia de interpelación urgente, sobre el deterioro de la política exterior”) firmada por Miguel Tellado, el Grupo Parlamentario del PP en el Congreso reflexiona sobre el desastre de la política de Sánchez en relación a la guerra de Israel contra Hamás: “sobre el deterioro de la política exterior del Reino de España como consecuencia de las acciones del Gobierno”. Nada que objetar.

El grave problema surge en el punto ocho y final con el que el PP insta al gobierno a “reafirmar la posición del Congreso de los Diputados respecto a la solución de dos estados encaminada a acabar con el conflicto en Oriente Próximo, adoptada en la Proposición no de Ley de 18 de noviembre de 2014”.

Es moralmente inaceptable ceder al chantaje de un grupo terrorista tras un horrible crimen en el que excedió cualquier límite de inhumanidad, mientras ese grupo mantiene más de 130 personas secuestrada desde hace 209 días, y buscar apaciguarlo otorgándole un estado. Un premio que, en cualquier caso, sólo empeoraría la situación, pues ese estado, inviable a todas luces, sin una autoridad política legítima, fronteras reconocidas o instituciones nacionales, sólo podría convertirse en otro estado fallido en manos yihadistas en una de las zonas más convulsas del planeta. Es, además, una deslealtad a un país amigo y aliado como Israel, que está librando una durísima guerra para proteger a sus ciudadanos y liberar a sus rehenes. Una guerra que no sólo enfrenta al Estado judío con Hamás, sino también a otros títeres terroristas de Irán como Hizbullah o los hutties. Y, por supuesto, con quien mueve los hilos y también ataca directamente Israel con intenciones genocidas: el régimen de los ayatollahs.

Un brindis al sol tan irreflexivo como frívolo, pues ese supuesto estado no satisfaría, según sus propias declaraciones, a los terroristas palestinos, que no ansían tanto un estado propio como la destrucción absoluta de Israel. Es deshonesto obviar que la mayoría de la población palestina en Gaza y en la margen occidental, a día de hoy, y antes de un necesario periodo de desnazificación, no estaría en absoluto dispuesta a vivir pacíficamente con un Estado Judío como vecino. En resumen: la propuesta es inmoral, inviable y frívola.

Pero es que, además, constituye un serio error del PP desde el punto de vista político, pues acepta el marco de referencia impuesto por Pedro Sánchez y su coalición social-comunista-separatista. Y, a estas alturas, el partido de Alberto Núñez Feijóo debería estar prevenido y tratar con absoluto escepticismo las prioridades, las trampas y los señuelos que le va marcando Sánchez y que los españoles ya tienen calados, resultando en incredulidad y rechazo.

La propuesta de Sánchez busca confundir a los ciudadanos de sus tramas de corrupción y los verdaderos problemas del país, trayendo a colación un tema absolutamente periférico con una centralidad y urgencia injustificadas. Esto responde al perfil de Sánchez como demagogo y populista radical. Su agenda es resultado de la proximidad del presidente a grupos terroristas y al eje que los apoyan: Irán, Catar y Turquía. Si se trata de hablar del “deterioro de la política exterior del Reino de España”, este sería el punto que debería atender la moción del PP.

El PP vuelve a caer en la trampa de enfocarse en el interés personal de Sánchez de discutir una propuesta de reconocimiento de un estado palestino. Interés tras el que se esconde un afán de tensionar y de enmascarar su aislamiento internacional, otro recurso de trilero para seguir jugando al despiste con el fin de que no se hable de problemas reales y de sus propios problemas.

Aceptar el marco de referencia de Sánchez y los extremistas que lo apoyan es un error político, no sólo de principios. Ya lo han advertido otras figuras del PP. La respuesta sencilla debería ser: no toca. Pero, si tocase, aceptar como solución una “solución de dos estados”, algo que se votó en el Congreso hace 9 años, resulta una completa frivolidad, sobre todo después de las masacres del 7 de octubre. En cualquier caso, cabría recordar lo que en realidad votó el Congreso de los Diputados en 2014 por una amplísima mayoría y que se convirtió en política común de la UE: la condición primera para cualquier reconocimiento de un estado palestino es que este se alcance por la vía de las negociaciones directas entre las partes. Algo imposible a día de hoy y que hace esta discusión inútil.

Seguir aceptando, como hace la proposición del PP, la centralidad del asunto palestino para la paz en Oriente Medio es no haberse enterado de los acuerdos de Abraham, que dan por superada esa retórica con un afán de cooperación entre países árabes pro occidentales e Israel. Una propuesta del PP para que España participase activamente en ese proceso de paz y prosperidad si hubiese sido una contribución constructiva. A la vez que no es de recibo obviar las medidas necesarias ante la promoción del terrorismo de países como Irán, Catar o Turquía, con presencia importante en nuestro país.