¿Qué nos enseña la epidemia sobre el conflicto de Oriente Medio?

Los momentos de dificultad extrema no necesariamente cambian a las situaciones o las personas, pero nos enseñan a menudo la verdadera naturaleza de las cosas. Algo de esto hemos visto con la debacle provocada por la pandemia del coronavirus, que entre otras muchos fenómenos y anécdotas clarificadoras nos ha dejado ya algunos hechos reveladores sobre lo que pasa en Oriente Medio.

Uno de ellos se produjo el pasado viernes 20 de marzo y estuvo protagonizado por un clérigo palestino. 

En un sermón retransmitido por la televisión oficial de Hamás, el predicador da la bienvenida al coronavirus como en nuevo “soldado” enviado por Alá, al que da las gracias por la infección masiva causada por este yihadista invisible en los Estados Unidos. “Mirad como cualquiera que conspira contra la mezquita de Al-Aqsa es destrozado por los soldados de Alá”, dice el clérigo en un discurso lleno de cólera. 

Por supuesto también tiene palabras para Israel y compara “lo vacías que están las calles” del Estado sionista con la masiva afluencia ese viernes en la mezquita para demostrar a los fieles y televidentes que Alá da “seguridad” a los palestinos y “aterroriza” a sus enemigos valiéndose del virus.

“Los musulmanes son las personas menos afectadas”, concluyó satisfecho el predicador tras nombrar a China, Italia y otras de las naciones más golpeadas por la pandemia.

Como dijimos desde ACOM en el tweet en que presentamos esta nueva muestra de irracionalidad y odio sectario contra Israel, sus aliados y algunos de los grandes contribuyentes a la causa palestina, que a ojos de Hamás no dejan de ser unos infieles, “esto es lo que escuchan día tras día los palestinos en las televisiones, las mezquitas y las escuelas”.

Todos los que siguen considerando a Israel el principal escollo para la paz en la región harían bien en preguntarse si es posible la convivencia pacífica con quien defiende y propaga a diario un discurso de un oscurantismo medieval que en Europa dejó de ser imaginable en la Edad Media.

Otro episodio que puede ayudarnos a entender la realidad de lo que hemos convenido en llamar el conflicto entre Israel y el mundo árabe se dio en Facebook y Twitter el 24 de marzo.

En un mensaje acompañado de una foto en que tres jóvenes israelíes en mascarilla dibujaban con las manos un corazón, las cuentas en árabe del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel en esas dos plataformas se dirigían así a la audiencia de los países que comparten ese idioma: “Este es un mensaje para vosotros desde Israel: le rezamos a Alá para que proteja a los habitantes de los países árabes. El coronavirus se está extendiendo por el mundo con rapidez, y no conoce fronteras, religiones o nacionalidades”.

Antes que nada, vale la pena comparar el espíritu y el contenido del mensaje dirigido por el Ministerio de Exteriores israelí con el que Hamás hizo llegar a los palestinos unos días antes.

Pero lo realmente elocuente vino una vez que la diplomacia israelí había publicado el mensaje. Como cuenta Israel Today en este artículo, más de seis millones de personas entraron a ver esta publicación en Facebook y Twitter. 

Teniendo en cuenta que el seguimiento de las cuentas en árabe del Ministerio de Exteriores de Israel no llega a los dos millones y medio de personas en las dos redes sociales sumadas, la cifra anterior deja claro que más de tres millones de ciudadanos árabes entraron en la página para leer el mensaje de solidaridad y buena voluntad del que para muchos dirigentes del mundo árabe debería ser su gran enemigo.

Aunque no faltaron los que contestaron con el odio que siembran organizaciones como Hamás entre sus gobernados, decenas de miles de quienes entraron a ver el mensaje dejaron comentarios de reconocimiento como estos que seleccionó Israel Today: 

“Que Alá os bendiga y os proteja”, dijo Zachary desde Sudán. “Un bonito mensaje de solidaridad y de paz”, dejó escrito Amin, de Irak. “Nuestros corazones están con Israel y con el mundo entero en todas sus formas, religiones y creencias para derrotar juntos a este virus”, dijo un iraquí anónimo. “Que Alá proteja a todos. El humanitarismo es lo primero y lo más importante. Tratamiento completo para todos los pacientes”, escribió una mujer desde Marruecos. “Una bonita actitud, buena vecindad, amor y paz son el camino hacia el cielo”, dijo Khaled de Arabia Saudí. Ibrahim comentó sin especificar su lugar de origen: “Un millón de felicidades a nuestros primos [los judíos], y gracias”.

Decenas de miles de mensajes positivos hacia Israel desde el mundo árabe pueden parecer algo pequeño si se piensa en los centenares de millones de personas que viven eso países. Pero decenas de miles de mensajes positivos hacia Israel son muchos mensajes si se tiene en cuenta que los usuarios que los firmaron viven en sociedades a menudo dictatoriales y donde mostrar simpatía hacia Israel va casi siempre acompañado de represalias y del estigma social y, a veces, con la persecución política.

¿Qué nos dice, entonces, la respuesta masiva que tuvo este mensaje en árabe del Ministerio de Exteriores de Israel? Algo que ya se vio hace meses en Irán cuando centenares de estudiantes se negaron a pisar las banderas de Israel y Estados Unidos como pretendían los edecanes del régimen que habían desplegado las enseñas en el suelo: que una parte inmensa de ciudadanos que viven bajo gobiernos hostiles a israel, en este caso ciudadanos árabes y entre ellos muchos palestinos, se resisten a dejarse engullir por la espiral de antisemitismo y odio a Occidente que promueven sus dirigentes y ansían cooperar con el resto de la humanidad para el progreso de todos.

Igual que el sermón del clérigo palestino con el que empezábamos este informe, la voluntad de fraternidad que se atrevieron a mostrar decenas de miles de personas en lugares tan poco propicios como Sudán, Irak o Arabia Saudita deja claro que las élites políticas árabes son el gran enemigo de la paz en la región.

Como se ha visto, muchos árabes y otros musulmanes en países como Irán abrazarían con entusiasmo una convivencia civilizada con Israel que saben que les permitiría aprovecharse a ellos también de los éxitos económicos, científicos, sociales y humanos del Estado judío. 

En que esta gente de buena voluntad se convierta en mayoría en sus sociedad y pueda romper las cadenas con que les someten los autócratas e integristas religiosos que ahora mandan en sus países están buena parte de las esperanzas de paz y normalidad en Oriente Medio.

Aunque nadie lo diría atendiendo a lo que se vota en la ONU y publica buena parte de la prensa, Israel no solo no es el obstáculo para esa paz. Israel es también el único lugar de la zona que ofrece esa paz. 

Y lo hemos visto también durante los momentos difíciles que atravesamos todos por el coronavirus. Concretamente el 27 de marzo, esta vez con una foto de dos médicos, uno judío y uno árabe, rezando en público en Israel durante su jornada de trabajo en medio de la pandemia. 

Muchos de los que la compartieron en redes sociales quisieron ver la foto como un ejemplo del Oriente Medio posible. Quizá les movía la buena intención, pero erraban en algo: ese lugar en que un musulmán y un judío pueden trabajan en pie de igualdad y rezan juntos en público ya existe y es Israel, que es donde se hizo la foto. Y son los países que siguen empeñados en el enfrentamiento quienes deben seguir el ejemplo.