Sobre la adhesión del Gobierno de España a la demanda de Sudáfrica contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia

La decisión de Pedro Sánchez sumando a nuestro país a la demanda de Sudáfrica contra Israel por presunta violación de la Convención contra el Genocidio (en relación a la guerra del Estado Judío contra Hamás tras el salvaje ataque terrorista del pasado 7 de octubre) es la enésima demostración de una enfermiza hostilidad por parte de un Gobierno tan radical como inmoral. Ante los casos de corrupción que rodean a Pedro Sánchez, y aprovechando la demagogia pancartista de la campaña para las europeas, el Gobierno no duda en contentar a sus seguidores hipotecando el crédito internacional de España al alinearse con gobiernos chavistas (Nicaragua, México, Colombia), o con el fallido Estado de Libia. Esos son los compañeros de viaje de Sánchez.

Dicha decisión ha merecido, por tercera vez, la felicitación de Hamás: violadores de mujeres, torturadores de niños, secuestradores de familias y asesinos de 1200 personas, entregados a Pedro Sánchez.

Sorprende tanta temeridad, cortoplacismo y trilerismo. Sorprende la inmoralidad de quién jamás ha llevado a un tribunal internacional a ninguno de los regímenes brutales con los que compadrea. Como la República Islámica de Irán, autor de todo tipo de abusos contra su población y exportador de terrorismo a nivel global. Tampoco se ha personado contra Siria, que cometió un  genocidio de verdad y cuyas autoridades se llevan estupendamente con los socios de gobierno de Sánchez. Ni contra el gobierno de Maduro en Venezuela. O su co-patrocinador de la demanda, Nicaragua, uno de los peores infractores de derechos humanos en toda Hispanoamérica. Sólo contra la democracia israelí, que lucha por su supervivencia frente al furor homicida más inhumano que quepa imaginar.

Albares pasará a la historia como una excrecencia de nuestro servicio diplomático, no sólo por esta repugnante decisión, sino por pretender dictar al gobierno de Israel, con ridícula altanería, lo que puede o no autorizar en su territorio, las actividades que puede o no desarrollar un consulado de que está solamente autorizado a operar en Israel en tanto que el gobierno de ese país lo permita. El jefe de Albares, por su parte, y a pesar del ruido y el humo con que pretende confundirnos, ya ha pasado a la historia por ser el primer Presidente del Gobierno de España en tener a su esposa investigada en los tribunales por corrupción. De ahí, por cierto, tanta cortina de humo.