Túneles y terroristas armados entre camillas: la realidad ignorada del hospital de Al Shifa

Durante la primera fase de la operación israelí contra el régimen vecino de Hamás, muchos políticos, casi todos los medios y todos los activistas de las organizaciones que dicen tener la misión de defender los derechos humanos centraron sus posicionamientos sobre el conflicto en la situación desesperada que, primero los bombardeos y después la incursión terrestre, habían provocado en los hospitales de Gaza.

Ya por entonces, Israel advertía y había presentado pruebas convincentes de que los hospitales en que se centraba esta atención habían dejado de ser infraestructuras meramente civiles: Hamás había cavado túneles bajo las mismas habitaciones de pacientes y salas de operaciones. Los utilizaba para moverse, mover armamento y esconderse de Israel. Algo que también hacía con las ambulancias.

Por lo general, los citados actores hostiles a Israel ignoraron estos detalles o los presentaron como meras hipótesis, tirando a descabelladas, formuladas por ese Ejército asesino al que tanto le gusta matar niños.

Unas semanas después, hemos superado la primera fase de la guerra e Israel controla el mayor de esos hospitales, Al Shifa. Fue tomado en una operación precisa que evitó el baño de sangre que anunciaban (algunos parece que lo deseaban) muchos tertulianos y corresponsales, y pese a la resistencia de Hamás a evacuar a los enfermos y los recién nacidos como Israel había pedido que se hiciera desde el primer día.

El Ejército israelí ha confirmado con imágenes incontrovertibles las informaciones que había ofrecido antes sobre el uso de las infraestructuras civiles, en particular del hospital de Al Shifa, como bases terroristas. Muchos, sin embargo, siguen acusando al Tsahal de hostigar a los pacientes y a la población civil, un crimen del que es responsable únicamente Hamás por poner a éstos en la línea de fuego para protegerse del Ejército que busca hacer justicia por sus masacres no provocadas del 7-O.

Israel ha hecho públicos vídeos grabados por sus propias tropas al liberar el hospital en los que se ven los túneles que pasan por debajo del centro médico. El sistema de pasajes subterráneos está equipado con baños, cocina y aire acondicionado, una prueba inequívoca de que era utilizado. Israel dice, además, haber encontrado abundante armamento. Sus calumniadores insinúan sin ninguna prueba que el arsenal ha sido plantado por el Tsahal, pero aunque lo hubiera sido: la existencia de los túneles con canalización y el resto de comodidades es suficiente para concluir que bajo el hospital había un centro terrorista.

Foto: Fuerzas de Defensa de Israel.

¿Para quién, si no, se habría construido toda esa infraestructura clandestina?

En estos mismos túneles que pasan por debajo de Al Shifa, los soldados israelíes encontraron también las pertenencias de uno de los terroristas que había participado en la razzia del 7-O, entre las que había un rifle y un chaleco israelíes robados durante la incursión. ¿Qué nos dice esto? Que algunos de los terroristas corrieron a su guarida en el centro médico después de cometer el peor pogromo desde el Holocausto.

Además de una inferencia lógica de lo anterior, es un hecho probado por los vídeos de las cámaras de seguridad de Al Shifa. Imágenes grabadas en la mañana misma del 7-O muestran a vehículos militares israelíes capturados por los terroristas entrar al perímetro del hospital.

Las cámaras instaladas en el interior del centro recogieron esa misma mañana del Shabat Negro otros movimientos concluyentes. Las imágenes encontradas por el Ejército israelí muestran a terroristas armados corriendo por los pasillos del centro con dos de los rehenes capturados en Israel. Los defensores de Hamás han corrido a interpretar esto como una prueba de la buena voluntad de este grupo genocida: haber llevado a rehenes heridos a un hospital demostraría que querían curarlos.

Pero Israel ha explicado que, antes de que los terroristas llegaran a Al Shifa con sus rehenes (han sido identificados y se sabe por tanto de qué zona del sur de Israel venían), había otros cinco hospitales en que los que habrían podido parar para curar a los secuestrados.

Como se ve en las imágenes, parte del personal médico del hospital vio a los terroristas ingresar con rehenes en el centro poco después de que éstos fueran capturados. La pregunta que se impone es obvia: ¿intentó alguno de estos médicos y enfermeros informar a Israel, a los países de origen de los dos secuestrados sobre su paradero? Si la respuesta es no, estaríamos ante un caso obvio de complicidad con los terroristas, aunque pudiera explicarse por miedo.

En las inmediaciones del ya famoso hospital, además, las fuerzas israelíes encontraron los cadáveres de dos rehenes. Al entrar al recinto, el Tsahal pudo establecer que uno de ellos, la caporal de 19 años Noa Marciano fue asesinada por sus captores dentro del mismo hospital después de ser herida en los combates que el Ejército israelí libraba para tomar el centro. Las heridas sufridas en un primer momento por Marciano, ha mostrado la autopsia del cuerpo, no ponían en peligro su vida.

Además de las pruebas directas encontradas por Israel, los propios terroristas de Hamás detenidos en Israel el 7-O han confirmado que el hospital era un centro militar del grupo yihadista. Algunos de ellos también han dado testimonio del uso de ambulancias como forma de transporte seguro para Hamás.

Estados Unidos ha dicho a través de su portavoz de Seguridad Nacional, John Kirby, que dispone de información de inteligencia que confirma que Hamás ha utilizado Al Shifa y otros hospitales “para esconderse, dar apoyo a sus operaciones militares y mantener secuestrados a sus rehenes”.

Amnistía Internacional es una organización conocida por su hostilidad sistemática hacia Israel. En 2014, Amnistía publicó un informe en el que denunciaba ejecuciones y brutales torturas perpetradas por Hamás contra palestinos de la franja de Gaza acusados de colaborar con Israel.

“Algunos”, decía el informe, “fueron interrogados y torturados o maltratados en un ambulatorio en desuso dentro del perímetro del principal hospital de la Ciudad de Gaza, Al Shifa”. “Al menos tres de las personas detenidas”, continuaba el informe, murieron mientras se encontraban bajo custodia de Hamás.

Nada de esto ha servido para que la propia Amnistía y otras muchas voces que desde los medios, la política y el mundo de las oenegés trabajan a diario para deslegitimar a Israel se hayan animado a ofrecer el contexto necesario para explicar lo que ocurre en Gaza.

Pese al alud de pruebas existentes, estos actores siguen exigiendo más evidencias a Israel, al tiempo que aceptan sin apenas enmiendas el relato de los terroristas.

Esta forma de abordar lo que ocurre en Gaza está causando graves daños reputacionales a muchos medios de comunicación y organizaciones políticas y cívicas. Después de dar por buena una mentira de los terroristas sobre un falso ataque israelí a otro hospital de la franja que habría causado 471 muertos, muchos periodistas y medios de comunicación se vieron obligados a rectificar y pedir disculpas a su audiencia. Estos mismos profesionales de la prensa parecen no haber aprendido la lección, pues continúan negando la veracidad de todo lo que demuestra con pruebas Israel y siguen comprando propaganda palestina que se ha demostrado falsa.

Para terminar, quizá convenga mencionar la devastadora carta de despedida que ha escrito la exempleada de Human Right Watch (HRW) Danielle Hass. Hass explica cómo el sesgo antiisraelí ha marcado durante los años que ella trabajó allí todos los análisis y evaluaciones de HRW sobre el Estado judío, al que la organización fiscaliza de forma desproporcionada con un celo que raya en lo obsesivo. Una información aparecida recientemente apunta a que HRW recibió pagos millonarios de Catar, que también financia con ayudas generosas a Hamás.

Los representantes públicos, periodistas y representantes públicos que no estén untados por mecenas del terror como el emir Al Thani deberían ser conscientes de que no se puede deformar la realidad todo el tiempo y salir indemne, especialmente cuando la verdad y los detalles que la apuntalan están a golpe de un click en las redes.

Desacreditando todo lo que dice Israel, incluso cuando está probado, estas personas no sólo atacan a un Estado democrático que acaba de ser víctima de una masacre salvaje y nunca ha empezado una guerra. También conspiran contra su prestigio profesional y se pierden el respeto a ellos mismos.