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INFORME ACOM: Una gran estafa llamada UNRWA

Una gran estafa llamada UNRWA 

  • La agencia de la ONU para atender a los refugiados palestinos incumple el criterio de la propia ONU sobre quién es un refugiado.
  • Pese a gastar 1.200 millones al año UNRWA jamás ha reubicado a un refugiado palestino y darle la oportunidad de una nueva vida.
  • Su estructura es mucho mayor que la de entidades similares, sus vínculos con el terrorismo son evidentes.
  • Aunque use el paraguas de la ONU, UNRWA España es en realidad una entidad privada que capta millones de euros en subvenciones.

 

UNRWA son las siglas en inglés de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo, una organización que ya ha cumplido 68 años y ni ha solucionado el problema para el que fue creada -los refugiados árabes provocados por la Guerra de Independencia de Israel- ni ha hecho desde entonces ninguna contribución relevante para llevar la paz a una zona con tantos problemas como Oriente Medio.

Más bien al contrario, la UNRWA ha sido y es parte del problema por muchas razones: desde sus propios vínculos con organizaciones terroristas hasta su definición de más de 5 millones de palestinos como refugiados con derecho a volver a un país -Israel- que la gran mayoría de ellos no ha conocido nunca.

Empezando por la primera mentira

En muchos de los conflictos y las crisis humanitarias de los últimos 70 años se generaban oleadas de refugiados, pero con el tiempo su número descendía hasta desaparecer, ya que las personas que sufrían estas situaciones lograban -en muchos casos con ayuda internacional- rehacer sus vidas. No ha sido así en el caso de aquellos a los que supuestamente atiende la UNRWA, más bien al contrario: si en 1950 se estimaba que la guerra de Independencia de Israel había generado unos 700.000 refugiados, actualmente UNRWA contabiliza nada más y nada menos que 5,15 millones.

¿Cómo es esto posible? Básicamente por una razón: UNRWA no sigue el criterio de la propia ONU para definir lo que es un refugiado, cosa que hace en el artículo 1 de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados:

«Una persona que, debido a un miedo fundado de ser perseguido por razones de raza, religión, nacionalidad, membresía de un grupo social o de opinión política en particular, se encuentra fuera de su país de nacimiento y es incapaz, o, debido a tal miedo, no está dispuesto a servirse de la protección de aquel país; o de quien, por no tener nacionalidad y estar fuera del país de su antigua residencia habitual como resultado de tales eventos, es incapaz, debido a tal miedo, de estar dispuesto a volver a éste.».

Según esta Convención la condición de refugiado se extiende a la familia directa del que la sufre -su pareja y sus hijos- pero en ningún caso a sus nietos. La UNRWA, por el contrario, presume de considerar como tales a cinco generaciones de palestinos. Es obvio que a más refugiados que atender mayores necesidades presupuestarias… y más puestos de trabajo.

Una estructura y un presupuesto desproporcionados

Afortunadamente, la UNRWA no es la única organización del mundo que atiende a los refugiados, la propia ONU creó pocos meses después de la destinada a los palestinos una organización para los refugiados del resto del mundo: el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR por sus siglas en inglés), que nos permite hacer varias interesantes comparaciones.

En primer lugar sobre la estructura de ambas instituciones: el UNHCR atiende según sus propias cifras a 68,5 millones de personas en todo el planeta entre refugiados, desplazados dentro de su propio país y buscadores de asilo. Para ello tiene una estructura de 11.500 trabajadores, es decir, una proporción de unas 6.000 personas atendidas por empleado.

La UNRWA, por su parte, presta atención y servicios, también según sus propias cifras, a 5,15 millones de, como hemos visto anteriormente, pseudorefugiados. Para ello tiene nada más y nada menos que unos 30.000 trabajadores, por lo que la proporción es de 171 personas atendidas por empleado, nada más y nada menos que 35 veces la de la UNHCR. Para este trabajo y mantener a estos trabajadores la agencia de la ONU maneja cantidades fabulosas de dinero: en 2017 gastó según sus datos cerca de 1.400 millones de dólares, unos 1.200 millones de euros al cambio actual.

Por poner estas cifras en su contexto es interesante anotar aquí que el presupuesto de la Autoridad Nacional Palestina para este 2018 es de 5.000 millones. Para hacernos una idea de lo que supone esa cantidad también es útil compararlo con los 900 millones que tiene como presupuesto del Ayuntamiento de Valencia, la tercera mayor ciudad de España con cerca de un millón de habitantes.

Además, hay que poner este gasto en la perspectiva temporal de casi siete décadas de vida de una agencia que nació con un mandato para tres años. Se calcula que teniendo en cuenta su valor actual, el dinero gastado por UNRWA estaría entre 40 y 45.000 millones de dólares. Como bien dice un artículo recientemente publicado, con este dinero se habría podido comprar una casa, una granja y un coche a cada una de las familias de refugiados y aún habría sobrado para invertir en infraestructuras y educación.

¿De dónde sale todos estos millones? UNRWA habla en su memoria anual de “aportaciones voluntarias”, pero esto no es del todo cierto o al menos no lo es en el sentido en el que todos entendemos esas palabras: la inmensa mayoría de esa financiación viene de los Estados miembros de ONU. Por ejemplo, de Estados Unidos: incluso después de congelar parte del dinero inicialmente comprometido (y vincular el resto a que los líderes palestinos participen en verdaderas conversaciones de paz y a que dejen de financiar a los terroristas) este país aportará durante 2018 más de 300 millones de dólares. España, como veremos más adelante, también hace millonarias aportaciones.

Esta estructura elefantiásica y este gasto disparatado resultan, paradójicamente o no, aparentemente ineficientes: mientras el UNHCR ha logrado reasentar a decenas de millones de personas durante las últimas décadas, ni uno sólo de los atendidos por la UNRWA ha perdido su condición de refugiado asentándose libremente en cualquier otro lugar de su elección.

¿De verdad la UNRWA es para los refugiados?

Esto nos lleva a plantearnos cuál es el verdadero propósito que mueve a la UNRWA. Incluso la agencia más ineficaz y corrupta de la ONU habría logrado reasentar algún refugiado palestino para que viviese su vida feliz en cualquier lugar del mundo, pero durante estos 68 años de intenso trabajo -y sobre todo intenso gasto- esta agencia no ha logrado ni tan siquiera que dejen de ser refugiados los palestinos que viven en territorios administrados por palestinos.

Hay varias razones básicas para esto y la primera es el dinero: cuando mayor sea el número de personas afectadas mayores son los recursos que es capaz de movilizar la UNRWA, generalmente dinero público que se obtiene en forma de inmensas subvenciones.

La segunda es otra más de las mentiras sobre las que se fundamenta la UNRWA: considerar refugiados no sólo a los nietos de los refugiados originales sino, por ejemplo, incluso a los cerca de dos millones de personas que tienen la ciudadanía jordana y disfrutan plenamente de sus derechos al respecto. Es decir, gente que vive en un país que no le es hostil y en el que, con las lógicas dificultades, nada le impide desarrollar su vida con normalidad.

¿Por qué estos ciudadanos jordanos siguen siendo considerados refugiados? ¿Por qué 1,4 millones de palestinos que viven en Gaza y Cisjordania siguen siendo considerados refugiados? Aquí nos encontramos con la tercera razón, probablemente la más importante, por la que la UNRWA jamás reasentó a nadie: porque la existencia de millones de refugiados y su supuesto “derecho de retorno” a suelo israelí es una de las bazas políticas con las que cuentan los líderes palestinos tanto en las negociaciones de paz en las que tan poco empeño ponen como, sobre todo, en la propaganda internacional a la que tanto esfuerzo dedican.

Nunca se ha reconocido un “derecho de retorno” similar a ningún colectivo de refugiados en todo el mundo y, de hecho, en ningún momento se planteó -ni se plantea- algo similar para los más de 800.000 judíos que fueron expulsados de países árabes tras la independencia de Israel. Ni para ellos ni para sus descendientes, millones de personas que hoy en día han rehecho valientemente su vida en Israel y en otros muchos países, quizá porque no tenían una UNRWA que trabajase por perpetuar su condición de refugiados.

Vínculos con el terrorismo

Por lo visto hasta ahora podría pensarse que la UNRWA es una organización inútil, pero es bastante más que eso: es una organización dañina que no tiene ningún problema (más allá de los de imagen que circunstancialmente pueda causarle) en vincularse con el terrorismo a través de grupos como Hamás o la Yihad Islámica.

Por ejemplo, en numerosas ocasiones las escuelas y las clínicas de UNRWA en Gaza han sido usadas por Hamas para almacenar armamento e incluso como plataformas de lanzamiento de misiles contra Israel.

Si esto no es suficiente, se ha relacionado a muchos trabajadores de UNRWA con grupos terroristas, en algún caso al más alto nivel, como en el de Suheil Ahmad Hassan al-Hindi, que tuvo que dimitir como empleado de la organización después de que saliese a la luz que había sido ascendido a la dirección de Hamás. Al-Hindi trabajaba como profesor en una escuela, pero no era un empleado cualquiera más sino que ejercía de presidente del sindicato de trabajadores de la UNRWA en Gaza.

Pero quizá peor aún sea lo que se enseña en esas escuelas: como se ha denunciado en repetidas ocasiones -y se puede ver incluso en vídeos en internet– los niños palestinos reciben en las escuelas de la UNRWA lecciones de odio antisemita desde su más tierna infancia. Este es el caldo de cultivo en el que luego se entiende mejor la pervivencia del conflicto y del terrorismo.

Y no se trata sólo de la labor de profesores incontrolados, de la que en cualquier caso UNRWA también sería responsable, sino que tal y como han denunciado prestigiosas organizaciones internacionales, el odio, el antisemitismo y la negación de la realidad están en los libros de texto que se usan en las escuelas e incluso se enseña a los niños poemas que glorifican el “martirio” de morir ejecutando atentados terroristas.

El chiringuito de UNRWA en España

Un capítulo especialmente llamativo y al mismo tiempo significativo de lo que es UNRWA es el de su franquicia española, el Comité Nacional de UNRWA en España es, pese a su nombre y el uso de la simbología de la agencia de Naciones Unidas, una asociación privada, vinculada sí con UNRWA aunque es imposible saber cuál es el vínculo legal entre ambas, si es que existe.

Este dato, por cierto, se oculta en la página web del Comité: sólo puede verse en las auditorias en las que no se puede ocultar dado que se trata de un documento legal. Una organización enteramente privada con la que han encontrado un modo de vida 31 personas -de nuevo según su propia auditoría- que suponen un coste bastante superior al 10% del presupuesto total. Para algunos la solidaridad sí es rentable, sobre todo la de los demás.

UNRWA España, por cierto, no se dedica a pesar de lo que asegure a ayudar directamente a refugiados Palestinos, al menos no son esos los fines que se reconocen en sus estatutos, en los que se habla de fomentar el conocimiento de la UNRWA y sensibilizar sobre sus actividades y, en último término, obtener dinero para la verdadera agencia de la ONU.

Para todos estos fines la asociación maneja un presupuesto importante: en 2016 sus ingresos superaron los 6.1 millones de euros. Aunque tampoco es fácil encontrar este dato en su web, la procedencia de estos fondos es, de forma abrumadoramente mayoritaria, subvenciones públicas: en el mismo año 2016 recibió nada más y nada menos que casi 5,6 millones de diferentes administraciones públicas españolas. Es decir: el Comité Nacional de UNRWA en España es una asociación privada que pagamos entre todos con nuestros impuestos.

No podemos dejar de citar algunas de las administraciones públicas que dedican el dinero de sus contribuyentes a financiar esta asociación: una lista deshonrosa que encabeza la Agencia Andaluza de Cooperacion Internacional para el Desarrollo -obviamente de la Junta de Andalucía-, que regaló a UNRWA España nada menos que un millón de euros en 2016, menos mal que la región andaluza no tiene casi ningún problema que hubiese podido solucionar con ese dinero.

La Agencia Vasca de Cooperación hizo varios regalos a la asociación que en conjunto supusieron no menos de 900.000 euros, a los que hay que sumar 270.000 más de la Diputación de Vizcaya. Otra región que quizá podría encontrar mejor destino para el dinero de sus contribuyentes es Extremadura, desde la que llegó nada más y nada menos que medio millón de euros, 300.000 de ellos con la rúbrica “Junta de Extremadura” y otros 200.000 como “Gobierno de Extremadura”.

Castilla-La Mancha, Navarra, Baleares, Asturias, Castilla y León, Cataluña, Galicia o la C. Valenciana son otras autonomías que financian UNRWA España, así como dos docenas de ayuntamientos, algunos de forma generosa: la Barcelona de Ada Colau entregó 120.000 euros y el de Zaragoza, también con alcalde de Podemos, donó 60.000.

Y pese a que, como vemos prácticamente todos los españoles sufragamos involuntariamente a esta asociación privada, las actividades y los mensajes de UNRWA España son groseramente antiisraelíes y en no pocas ocasiones antisemitas. Toda su actuación tiene una línea política clara: demonizar a Israel, colocarse del lado de organizaciones terroristas como Hamás y, en suma, no aportar sino más gasolina a la compleja situación de Oriente Medio, lo que sin duda no contribuye mucho a mejorar la situación de los refugiados por los que se supone que trabaja.

Este comportamiento no es sorprendente si tenemos en cuenta quiénes son los miembros de la junta directiva que controla la asociación: tal y como ha demostrado sobradamente ACOM se trata de una serie de personas que compiten en odio a Israel y que no tienen problemas en defender a los terroristas de Hamás, justificar los atentados con víctimas mortales o apelar a “la violencia” como único camino para que los palestinos recuperen “sus derechos”.

Muchos de los miembros de esta junta directiva se han significado también en las actividades de boicot a Israel que han sido declaradas ilegales en muchos ayuntamiento españoles y condenadas por países como Canadá, EEUU o el Reino Unido.

Todo esto, para colmo, aderezado con abundantes lecciones morales sobre derechos humanos y, por supuesto, con la demonización constante de la única democracia de Oriente Medio, el único país de la zona que respeta los derechos de la minorías.