ACOM denuncia a Santiago Armesilla por difundir estereotipos antisemitas contra los judíos
La denuncia documenta un discurso reiterado que atribuye a los judíos odio a los cristianos, xenofobia y supremacismo, y recupera los viejos estereotipos antisemitas de la usura, el poder financiero y la influencia oculta.
ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio) ha presentado ante el Tribunal de Instancia de Madrid una denuncia contra Santiago Armesilla Conde, titular de la cuenta @armesillaconde y de un canal de YouTube con más de 422.000 suscriptores, por la posible comisión de un delito de odio de los artículos 510.2.a), subsidiariamente 510.1.a), y 510.3 del Código Penal. La denuncia somete también a consideración judicial, con carácter subsidiario, la posible comisión de un delito contra los sentimientos religiosos judíos del artículo 525.1.
La denuncia no se construye sobre una frase aislada. Documenta un patrón sostenido durante más de dos años y difundido masivamente a través de X y YouTube, en el que Armesilla atribuye directamente a «los judíos» características y comportamientos colectivos que pertenecen al repertorio histórico del antisemitismo.
«Los judíos odian a los cristianos», afirma en una de las publicaciones denunciadas, en la que también sostiene que «los judíos utilizan a los musulmanes para atacar a los cristianos». En otras publicaciones define el judaísmo como una «religión xenófoba» y como una «religión etnicista y supremacista».
A esas afirmaciones se suma la recuperación de uno de los estereotipos antisemitas más antiguos: la identificación del judío con la usura, el dinero y un poder financiero desproporcionado. En uno de los vídeos incorporados a la denuncia se afirma: «¿Cuál es el culto mundano practicado por el judío? La usura. ¿Cuál es su dios mundano? El dinero», para vincular después ese supuesto poder monetario con Rothschild.
No son referencias inconexas. La denuncia sostiene que Armesilla construye de manera reiterada una misma representación del judío: hostil hacia los cristianos, supremacista en sus creencias, ligado al dinero y dotado de una capacidad de influencia política, financiera y mediática que operaría de manera organizada.
Ese mecanismo se proyecta también sobre el uso de la palabra «sionista». Armesilla mezcla reiteradamente «judíos», «judaísmo», «sionismo» y «sionistas», hasta hacer intercambiables las categorías y trasladar a personas y organizaciones actuales el mismo relato de poder oculto e influencia ilegítima.
En uno de los vídeos denunciados se afirma que «todos los judíos somos sionistas» y que quien no lo sea «será antijudío». En otro se sostiene que «el sionismo trata de penetrar en España» y se describe a ACOM y a su presidente como parte de una estructura en la que confluirían «capital financiero transnacional», medios de comunicación e influencia política.
No es crítica a Israel. Es un discurso sobre los judíos.
La cuestión que ACOM somete a los tribunales no es qué piensa Santiago Armesilla sobre Israel, el sionismo, Oriente Medio o cualquier otra cuestión política. La crítica política, incluida la más radical, está protegida por la libertad de expresión.
Lo jurídicamente relevante es algo diferente: utilizar a «los judíos» como sujeto colectivo al que se atribuyen odio, codicia, supremacismo, conspiración y poder oculto.
El Código Penal protege expresamente a los grupos frente a conductas que entrañen humillación, menosprecio o descrédito por motivos antisemitas y sanciona también el fomento público, directo o indirecto, del odio, la hostilidad o la discriminación.
Y no exige esperar a que ese discurso produzca una agresión concreta para poder actuar. El delito de odio es también un delito de peligro: obliga a valorar la capacidad objetiva del mensaje para generar hostilidad o desprecio hacia el colectivo al que señala.
Un discurso masivo y reiterado
La dimensión de la difusión es especialmente relevante. Las publicaciones de X incorporadas a la denuncia con datos disponibles acumulan más de 803.000 reproducciones y más de 11.000 «me gusta». Los cuatro vídeos de YouTube analizados suman otros 31.237 «me gusta», dentro de un canal con 422.000 suscriptores.
No estamos, por tanto, ante una conversación privada, una provocación aislada o una frase perdida en una red social. Estamos ante un discurso público, reiterado durante años y difundido ante cientos de miles de personas.
Y se produce además en un contexto de fuerte crecimiento del antisemitismo en España. Los últimos datos incorporados a la denuncia muestran un incremento sostenido de los incidentes antisemitas y episodios recientes de acoso y agresión contra personas judías.
«Los viejos libelos antisemitas no se vuelven inocuos porque se publiquen en YouTube o se disfracen de análisis político. Presentar a los judíos como una colectividad hostil, supremacista, ligada al dinero y organizada para penetrar en las instituciones reproduce exactamente el mecanismo de señalamiento que el legislador quiso combatir», señala ACOM.
«No pedimos que nadie sea perseguido por sus opiniones sobre Israel. Pedimos que se aplique la ley cuando se sustituye la crítica política por la demonización de los judíos como colectivo.»
ACOM ha solicitado la declaración de Santiago Armesilla como investigado, un informe especializado sobre el contexto y los estereotipos antisemitas empleados y las diligencias necesarias para determinar la autoría, difusión, audiencia, persistencia y alcance de los contenidos.
Corresponde ahora al Tribunal determinar su relevancia penal. ACOM ejercerá las acciones que le corresponden para defender la dignidad del colectivo judío y combatir la normalización del antisemitismo en España.


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